Mientras sus compañeros dormían la siesta o mataban el tiempo con la PlayStation, Mathieu Flamini abría los libros. El mediocampista que durante más de una década jugó en el Arsenal , el AC Milan , el Marsella , el Crystal Palace y el Getafe tenía un secreto que guardó con celo durante años: en paralelo al fútbol, estaba construyendo un imperio empresarial que hoy Forbes valúa en más de 12.500 millones de dólares . “Después de la siesta, algunos jugadores prefieren jugar a la PlayStation, ir de compras o dar un paseo. En mi caso, es cierto que decidí tomar un camino ligeramente diferente: aprender y desarrollarme ”, reconoció el francés en el pódcast de L’Express . Lo que para muchos podría sonar a anécdota pintoresca es, en realidad, la semilla de una de las historias empresariales más extraordinarias que haya protagonizado un exfutbolista. Flamini se retiró en 2019, al concluir su paso por el Getafe. Pero para entonces su otra carrera llevaba once años de ventaja. En 2008 , con la camiseta del Arsenal todavía puesta, había cofundado GFBiochemicals , una empresa dedicada a producir alternativas sostenibles a los derivados del petróleo. El motivo por el que no habló del proyecto hasta mucho después también era calculado: quería dominar el tema antes de exponerlo públicamente. “La fundamos con la ambición de encontrar alternativas sostenibles a los productos derivados del petróleo”, explicó ante The Guardian . Para sustentar ese proyecto presentó un modelo de negocios ante la Universidad Politécnica de Milán y la Universidad de Pisa , y además estudió derecho. Todo eso mientras disputaba partidos en la Champions League y acumulaba títulos en la Serie A italiana y la Premier League inglesa. En total, jugó más de 400 encuentros en primera división, ganó tres FA Cups con el Arsenal (2005, 2014 y 2015), la Serie A 2010-11 con el AC Milan y tuvo apenas tres apariciones con la selección de Francia, sin llegar a disputar ningún torneo internacional con el combinado nacional. La empresa que fabrica plásticos sin petróleo y ya vale más de 31.000 millones de dólares El corazón tecnológico de GFBiochemicals es la producción de ácido levulínico a partir de biomasa agrícola, un compuesto que permite fabricar plásticos biodegradables, solventes y cosméticos. La empresa —que Flamini dirige como CEO— ha desarrollado más de 200 productos y puede reducir hasta un 80% las emisiones de dióxido de carbono en la fabricación de artículos de uso cotidiano como detergentes. Según cifras citadas por Il Messaggero , la compañía estaría valorada en 31.100 millones de dólares; medios británicos como The Sun y Daily Mail ubican la fortuna personal de Flamini en torno a los 10.000 millones, mientras que Forbes la eleva a más de 12.500 millones. La obsesión con la contaminación no es solo un argumento de negocios: tiene historia personal. Flamini se crió en Marsella , a orillas del Mediterráneo, y desde chico observó el efecto de los plásticos en el mar. “Crecí en Marsella, cerca del mar, y desde muy joven fui consciente de los problemas medioambientales relacionados con los plásticos en los océanos y la contaminación química”, relató. Años después, al detectarle niveles elevados de mercurio en sangre por el consumo frecuente de pescado, redujo las proteínas animales de su dieta. Su diagnóstico es contundente: “La contaminación plástica es un problema global que no podemos ignorar; incluso los recién nacidos tienen microplásticos en sus órganos” , advirtió en declaraciones a The Guardian . Ese activismo lo llevó, en los últimos meses, hasta el Palacio de Buckingham , donde se reunió con el rey Carlos III y varios líderes empresariales para debatir el rumbo de la bioeconomía europea. Flamini no fue a escuchar: fue a proponer. “Europa está en un punto de inflexión. Actúen ahora o se quedarán atrás. Estados Unidos está creciendo. China está acelerando”, disparó. Y detalló: “Ahora es el momento de tomar medidas audaces en la Ley de Biotecnología II: crear demanda —30% de base biológica para 2030— y extender el CBAM a los productos químicos. Europa no ganará en precio a China, pero puede liderar en innovación, sostenibilidad y responsabilidad ”. Su visión también apunta al deporte como víctima del problema que él intenta resolver. Citado por The Times , trazó una línea directa entre contaminación y el futuro del fútbol: “Tomemos como ejemplo la Premier League. Tienen un modelo de negocio que deben mantener durante los próximos 30 años y la contaminación se está convirtiendo en un problema. En muchas partes del mundo, los niños no entrenan al aire libre debido a la alta contaminación. Si hay menos gente practicando, menos gente sigue el deporte y la cantera de talentos disminuye. Eso es importante”. El inglés y la química eran sus peores materias en el colegio Entre los proyectos paralelos que maneja figura la colaboración con su excompañero en el Arsenal Mesut Özil en el desarrollo de suplementos bajo la marca UNITY , junto a científicos de la Universidad de Westminster . También integra la Alianza para la Bioeconomía Circular , desde donde impulsa modelos económicos más sostenibles. “El fútbol puede ser un puente para unir a personas de todo el mundo y llevar la agenda climática a la conversación pública”, sostuvo a The Guardian . Flamini encuentra en el deporte de élite una analogía directa con el mundo empresarial. “ Un atleta es un poco como un emprendedor o el director ejecutivo de una gran empresa . Se enfrenta a una presión enorme. Tiene que darlo todo cada día. Y luego está el espíritu de equipo. Nunca he visto una empresa triunfar con una sola persona; es un grupo, un colectivo, que sabe comunicar una misión y una visión para que todos puedan avanzar en la misma dirección”, señaló en L’Express . La paradoja que más le gusta contar es la del colegio: “En la escuela no me gustaban dos asignaturas: inglés y química. Y hoy hablo un 90% de inglés y estoy al frente de un grupo de química verde ”. El hombre que alguna vez estudió a escondidas en la habitación del hotel hoy se sienta con reyes y propone leyes. Y termina cada entrevista con la misma certeza: “Soy un privilegiado. Tuve muchísima suerte de poder vivir de una pasión durante tanto tiempo, un sueño de la infancia. Ahora vivo mi segunda pasión y tengo una razón para vivir”.
Mientras sus compañeros dormían la siesta o mataban el tiempo con la PlayStation, Mathieu Flamini abría los libros. El m





Comentarios