El disparo inicial interrumpió una sesión parlamentaria. Los siguientes convirtieron el recinto legislativo de Armenia en una trampa mortal. El primer ministro, Vazgen Sargsyan , cayó bajo las balas. También terminaron asesinados el presidente del Parlamento, Karen Demirchyan , y otros seis funcionarios y legisladores. Después, los atacantes anunciaron que estaban dando un golpe de Estado y tomaron como rehenes a los sobrevivientes. La escena parecía imposible aquel 27 de octubre de 1999 , poco después de las cinco de la tarde cuando cinco hombres armados irrumpieron en la Asamblea Nacional, en Ereván, y abrieron fuego contra los dirigentes que ocupaban las primeras filas. El centro de la representación política de un país independiente había quedado bajo el control de un grupo armado, mientras cientos de policías y soldados rodeaban el edificio. Durante horas, los agresores mantuvieron cautivos a diputados, funcionarios y empleados. Exigían hablar con las autoridades y justificaban la matanza como una acción destinada a terminar con un poder que, según ellos, llevó a Armenia a la corrupción y la ruina. Pero la violencia que presentaban como una rebelión patriótica aniquiló a dos de las figuras más influyentes del Estado y a otros seis representantes públicos. El ataque terminó en la madrugada del 28 de octubre cuando los violentos depusieron las armas y se entregaron después de negociaciones con las autoridades. El líder del grupo, Nairi Hunanyan , fue detenido junto con sus cómplices. Cuatro años más tarde, la Justicia condenaría a seis de los acusados a prisión perpetua y a otro a 14 años de cárcel. Sin embargo, el juicio no acabó con todas las dudas: desde el comienzo hubo quienes sospecharon que detrás de los que violentaron el Parlamento podía existir una trama más amplia. Locura en el recinto Esa tarde la Asamblea Nacional celebraba una sesión en la que el gobierno respondía preguntas de los legisladores. Era una actividad institucional habitual, con miembros del gabinete presentes. Entre ellos estaban el primer ministro, Vazgen Sargsyan, y el presidente del Parlamento, Karen Demirchyan , dos dirigentes que ganaron un peso político considerable después de las elecciones parlamentarias de mayo de ese año. Los atacantes llevaban fusiles Kaláshnikov escondidos debajo de sus ropas. El grupo estaba encabezado por Nairi Hunanyan, de 34 años , un antiguo periodista con vínculos con la Federación Revolucionaria Armenia, conocida como Dashnaktsutiún, organización nacionalista con larga historia en la política de la que dejó de pertenecer años antes. Lo acompañaban su hermano menor, Karen Hunanyan; su tío, Vram Galstyan; y Derenik Bejanyan y Eduard Grigoryan. Los cinco ingresaron en el edificio y llegaron hasta la sala de sesiones. Una vez dentro, Nairi tomó la iniciativa y comenzó a disparar contra los principales dirigentes. Los legisladores apenas si pudieron tirarse al suelo, otros buscaron refugio debajo de los escritorios y muchos intentaron escapar. El objetivo principal, según los propios atacantes, era Vazgen Sargsyan. El primer ministro había sido una figura decisiva en la política armenia de los años noventa y tenía una influencia importante dentro del gobierno. En pocos minutos, la sesión se convirtió en una matanza. Las víctimas fueron ocho. Además de Sargsyan y Demirchyan, murieron los vicepresidentes del Parlamento Yuri Bakhshyan y Ruben Miroyan; el ministro de Asuntos de Emergencia, Leonard Petrosyan; y los legisladores Armenak Armenakyan, Henrik Abrahamyan y Mikayel Kotanyan. Hubo también decenas de heridos, en medio de la confusión provocada por los disparos. El ataque no terminó con la salida de los asesinos. Mantuvieron a los sobrevivientes como rehenes y anunciaron que tomaban el Parlamento para cambiar el poder. Su explicación fue la de una acción contra un gobierno que, a su juicio, empobreció al país y se enriqueció a costa de la población. Hablaron de un golpe, pero no presentaron una estructura política capaz de reemplazar a las autoridades asesinadas ni un plan claro para gobernar. El primer ministro y el presidente del Parlamento Para comprender el impacto del ataque hay que conocer quiénes eran los dos principales blancos de los agresores. Vazgen Sargsyan, nacido en 1959 , fue una figura clave en la defensa armenia durante el conflicto de Nagorno Karabaj, el territorio disputado entre Armenia y Azerbaiyán. En la década de 1990 se convirtió en uno de los dirigentes más influyentes del país. Ocupó cargos de responsabilidad en Defensa, y en junio de 1999, asumió como primer ministro. Su carrera estaba estrechamente vinculada con la construcción del Estado armenio después de la independencia de la Unión Soviética , proclamada en 1991. La guerra de Nagorno Karabaj – larga disputa territorial y étnica entre Armenia y Azerbaiyán- y las tensiones con Azerbaiyán dieron a los dirigentes militares un protagonismo extraordinario. Sargsyan era uno de los representantes más visibles de ese proceso y mantenía una considerable capacidad de influencia dentro de la política nacional. Karen Demirchyan , por su parte, había sido una figura importante, dirigió la Armenia soviética entre 1974 y 1988 antes de retirarse de la política. Regresó a la vida pública en la década de 1990, y en alianza con Sargsyan, encabezó una fuerza que obtuvo una victoria significativa en las elecciones parlamentarias de mayo de 1999. Su elección como presidente de la Asamblea Nacional lo colocó en el centro de las decisiones políticas. La alianza entre ambos dirigentes generó expectativas de estabilidad después de años de guerra, crisis económica y enfrentamientos entre facciones. Pero también concentró poder e influencia en un momento en que la sociedad armenia sufría las consecuencias de la transición postsoviética. La pobreza, el desempleo, la corrupción y las disputas por el control de las instituciones alimentaban el descontento. La muerte de los dos dirigentes dejó al país sin figuras centrales de su equilibrio político. No solo fueron asesinados el jefe de gobierno y el titular del Poder Legislativo: también murieron otros integrantes de la conducción parlamentaria y del gabinete. La masacre alteró de golpe la distribución del poder y abrió interrogantes sobre la sucesión, la seguridad de las instituciones y la posibilidad de que el atentado contara con apoyo externo. Noche de negociaciones y rehenes Después de la matanza, los atacantes no abandonaron el edificio. Tomaron como rehenes a los legisladores y funcionarios que permanecían en el recinto y exigieron negociar con las autoridades. En el exterior, fuerzas policiales y militares establecieron un cerco alrededor del Parlamento. La prioridad era recuperar el control del edificio y liberar a los cautivos sin sumar más víctimas. La situación se prolongó durante toda la noche. Los hombres armados hablaron con representantes del gobierno y difundieron sus argumentos. Insistían en que su acción respondía a la corrupción y a la situación económica del país. En algunas declaraciones presentaron el ataque como un intento de despertar a la sociedad armenia; en otras, sostuvieron que pretendían derribar a los dirigentes a los que responsabilizaban por la crisis. El presidente Robert Kocharyan , que se encontraba fuera del Parlamento cuando se produjo el ataque, asumió el control de la respuesta institucional. Las autoridades optaron por negociar en lugar de lanzar de inmediato un asalto que pudiera poner en peligro a los rehenes. Finalmente, durante la madrugada del 28 de octubre, los cinco hombres se rindieron y liberaron a los cautivos. Fueron detenidos y trasladados bajo custodia. La toma del Parlamento había terminado , pero el país debía afrontar las consecuencias de una operación que eliminó a buena parte de su conducción política. La rendición también abrió una nueva etapa: establecer quiénes participaron, cómo ingresaron armados y si existían personas que colaboraron con ellos desde fuera del edificio. Las primeras respuestas se concentraron en los cinco hombres que habían disparado, pero la dimensión del ataque alimentó sospechas que no desaparecerían con el juicio. El líder del comando Nairi Hunanyan fue identificado como el jefe del grupo desde el primer momento. Su pasado como periodista y su antigua relación con la Federación Revolucionaria Armenia despertaron interés entre los investigadores y la prensa. Sin embargo, el dato más relevante para el proceso judicial fue su papel directo en la incursión: encabezó a los hombres armados, participó en la toma de rehenes y asumió la responsabilidad por el ataque. Afirmó que pretendía cambiar el rumbo político del país y que actuó contra un gobierno al que consideraba corrupto e incapaz de resolver los problemas de la población. Sostuvo que el primer ministro impidió durante años la realización de elecciones libres. La pertenencia de algunos integrantes del grupo a una misma familia también llamó la atención. Karen Hunanyan era hermano de Nairi; Vram Galstyan, su tío. Esa relación no convertía el ataque en una conspiración familiar en sentido estricto, pero ayudó a reconstruir el círculo personal en el que se organizó el comando. Derenik Bejanyan y Eduard Grigoryan completaban el grupo de cinco hombres que entró en la Asamblea. La investigación y el juicio también alcanzaron a otras personas vinculadas con el caso. Entre los condenados figuraron Ashot Knyazyan y Hamlet Stepanyan , aunque no formaron parte de los cinco que irrumpieron en el recinto. El juicio y las condenas El proceso comenzó en febrero de 2001 y se extendió durante casi tres años. La causa examinó la incursión armada, los asesinatos, la toma de rehenes y los delitos contra el Estado. Los acusados enfrentaron cargos que incluían terrorismo, homicidio, traición y tentativa de usurpación del poder. El 2 de diciembre de 2003, un tribunal de primera instancia de Ereván dictó las condenas. Nairi Hunanyan, su hermano Karen, su tío Vram Galstyan, Eduard Grigoryan, Derenik Bejanyan y Ashot Knyazyan recibieron prisión perpetua. Hamlet Stepanyan fue sentenciado a 14 años. La fiscalía reclamó la pena de muerte para los principales acusados, pero Armenia había abolido ese castigo en 2003, antes de que se dictara la sentencia. Por ese motivo, el tribunal impuso las penas máximas disponibles. El caso, sin embargo, no terminó con la lectura del fallo. Vram Galstyan murió en prisión en abril de 2004; las autoridades lo atribuyeron a un suicidio. Hamlet Stepanyan falleció en 2010, y Eduard Grigoryan en 2017. Esos desenlaces redujeron con el tiempo el número de condenados que permanecían vivos, pero no borraron las preguntas que seguían planteándose sobre las circunstancias del atentado. En 2019, las autoridades armenias reabrieron aspectos de la investigación. La decisión reflejó que las dudas sobre eventuales cómplices o instigadores no desaparecieron. En mayo de 2025, el fiscal general del país informó que la investigación seguía activa y bajo supervisión de la fiscalía, aunque no difundió detalles que, según explicó, pudieran perjudicar las actuaciones. La reapertura no implica que se haya probado la existencia de una trama más amplia; significa que las autoridades continuaban examinando cuestiones que no consideraban definitivamente esclarecidas. Las víctimas fueron recordadas como figuras centrales de la historia armenia contemporánea. Con el paso del tiempo, el 27 de octubre se convirtió en una fecha de homenaje y duelo , con actos conmemorativos en el Parlamento y en los lugares donde descansan los dirigentes asesinados.

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El disparo inicial interrumpió una sesión parlamentaria. Los siguientes convirtieron el recinto legislativo de Armenia e