Lejos del oído absoluto, a veces tengo una epifanía: me pongo contento cuando reconozco alguna canción que suena en la radio. ¿Es una pieza de la Quinta sinfonía? ¿O La consagración de la primavera ? Más que nada sucede en el auto: cuando manejo sintonizo la FM de música clásica para que el repertorio me ayude a ambientar la cápsula sellada contra la locura del tránsito (alerta de spoiler: no siempre funciona). Es algo snob, lo sé, aunque lo mismo me cuesta reconocer alguna canción del reggaeton y casi ninguna del k-pop: sin formación en aquello que los viejos maestros llamaban “música culta”, lo clásico es un país ajeno. Así, Breve historia herética de la Música Clásica (lo escribe con mayúsculas) acerca distancias y disuelve fronteras: el último libro del escritor italiano Alessandro Baricco gambetea el dogma académico para trazar el viaje de un arte que se propuso una empresa divina, la conquista humana de los sonidos. El texto empieza con una advertencia: “La historia que aquí se reconstruye se refiere a una comunidad particular de humanos: grosso modo , los que orbitaron durante siglos en la zona geográfica que hoy llamamos ‘Europa’”. Si ellos son los que crearon la música clásica, Baricco aclara que en esa misma época, en otras partes del mundo, sucedieron cosas diferentes, ni mejores ni peores. Todo aquello que se entienda por universal es, en realidad: europeo . Y como esos europeos no recibieron una herencia griega, porque los griegos casi no dejaron música escrita como sí dejaron obras de teatro, esculturas de mármol o epopeyas heroicas, adoptaron para sí mismos el nombre de “clásicos”. Según Baricco, armaron “un canon, un modelo, una medida, tal vez una perfección, con la cual se podía trazar un mapa de la belleza, del gusto, de la armonía”. Ahí suena “Figlio perduto”, de Beethoven: me conmueve especialmente y sé que trata de un padre que protege a su hijo de un espíritu maligno que se oculta en las entrañas de un bosque. La estación Clásica de mi servicio de música por streaming está dividida en ocho secciones: Clásica, Barroca, Piano, Bach, Mozart, Beethoven, Ópera y Navideña. Supongo que la división es antojadiza como toda clasificación; justamente, lo que vuelve “herético” el libro de Baricco es que huye de las taxonomías musicales y afina el oído para escuchar lo humano. Esos músicos consagrados, y tantísimos otros que no figuran en libros ni partituras, construyeron algo a partir de una suma casi infinita de proezas y errores. La invención de la música puede compararse con el descubrimiento del fuego, una de las pocas cosas de carácter divino que hicimos los hombres, eternos hijos perdidos. Esta Breve historia… se mueve en un péndulo ancestral y resume la tensión que está en la génesis de la música clásica. ¿Es la expresión de una perfección divina o el diagrama del esfuerzo de los hombres? ¿Una ofrenda de los dioses o una conquista de los humanos? Esos músicos consagrados, y tantísimos otros que no figuran en libros ni partituras, construyeron algo a partir de una suma casi infinita de proezas y errores Esa es la oscilación que lleva a músicos y oyentes a viajar entre los dos extremos y que da sentido a esta historia. “Es una danza”, concluye Baricco: “Y comprenderla significa danzarla”. Si estamos en el baile, ¡bailemos! En definitiva, todo es armonía y disonancia como el bocinazo que suena justo en el clímax de la más maravillosa música. ABC A. En el siglo VI a.C., Pitágoras hizo resonar una cuerda y así vinculó matemáticas y música; el repertorio griego era oral y casi no sobrevivió. B. Siglos después, el monje benedictino Guido de Arezzo creó el sistema de notación para la música y alumbró una nueva era de sonidos reproducibles. C. En Breve historia herética de la Música Clásica , Alejandro Baricco usa estos nombres (y otros menos conocidos) para narrar la saga musical más allá del dogma.
Más que nada sucede en el auto: cuando manejo sintonizo la FM de música clásica para que el repertorio me ayude a ambien




Comentarios