El escándalo que afecta al INE tiene una lección nítida. A pesar de que faltan piezas para tener toda la película de esa farsa llena de corrupción que fue la era Taddei, lo que ya se puede concluir es que, cuando la principal figura del Instituto Nacional Electoral tuvo abierta cercanía con el gobierno, sobrevinieron los más grotescos chanchullos de su historia. O como dicen en inglés: Ring the bell? Al régimen obradorista le disgustan las cosas que escapan a su control. Como todo partido político, tiene sueños de colonizador. Otros al menos tratan de disimular esos apetitos; Morena lo hace sin rubor. El Instituto Nacional Electoral es el único invento de la transición que sigue en pie. Ahora, por la vía de los hechos, los morenistas pretenden tripular lo que el INE contrata y con quién. Todo el sainete de la corrupción y la zafiedad de quien presidió el INE desde abril de 2023 hasta el mes pasado ha puesto al órgano electoral en un grave riesgo. Paradójicamente, ese peligro no es por todos los bisnes o la imposición en nombramientos. Cómo será de fuerte el diseño de ese organismo que ni con decenas de renuncias y sin presidencia, la organización de la elección de 2027 no peligra per se. El riesgo está en otra parte. En Palacio Nacional, para ser exactos. Claudia Sheinbaum no puso a Guadalupe Taddei, así que de esa designación de 2023 la presidenta de la República no debe explicaciones a nadie. Pero a la mandataria sí le toca la grave decisión de qué hacer con el INE que organizará y dirimirá la elección presidencial de 2030. Y no ha comenzado con el pie derecho. La presidenta Sheinbaum ha inventado en las últimas semanas una especie de mito sobre el origen prianista de Taddei que no se lo cree ni un niño de pecho. Ese ruido mañanero muestra cuánto de la salpicada del escándalo le está cayendo a Morena. Tácticas propagandísticas aparte, el problema es que la jefa del Ejecutivo parece decidida a no ver que llegamos a la crisis porque tuvimos una presidencia en el INE que se sintió empoderada por el gobierno, antes que obligada a negociar con los consejeros. En estricto sentido, el INE no falló. Y menos si tenemos en cuenta que el esquema original no otorgaba poder de designación de altos cargos de responsabilidad a una sola persona, como luego Morena quiso para Guadalupe Taddei. Si se trata de corregir el problema y de conjurar la posibilidad de que suceda de nuevo, la vía es sencilla. La presidenta puede ordenar a su mayoría en San Lázaro una quinteta de perfiles con probada vocación no sectaria. Y hasta puede pedir apretar de nuevo las leyes aflojadas. Claudia Sheinbaum buscará, como cualquier gobernante en su lugar lo haría, que su partido coseche triunfos en la elección del año entrante. Que pronto el INE no sea foco de escándalo ni costo para Morena tendría que estar entre sus prioridades. Pero los morenistas, hay que repetirlo, no desperdician ocasión alguna para tratar de saquear políticamente una coyuntura. Es por eso que increíblemente sigue viva la idea de que le dirán al INE que contrate más a los Talleres Gráficos de México y así evite la corrupción. El régimen que interfiere burdamente en las elecciones quiere ahora que el árbitro dependa más de él como proveedor. Es una trampa. Y una contradicción de la evidencia: manosearon al INE y estalló la corrupción. Presidenta, deje al INE lo que toca al INE y ganen sin ser juez y parte. Nomás.

QUOTE · 引述
Al régimen obradorista le disgustan las cosas que escapan a su control. Como todo partido político, tiene sueños de colo