En las dos últimas entregas de esta columna, tanto en sus versiones impresa como en online , hemos abordado el estudio Panorama de la Trata de Personas en el Turismo en México , el cual contiene dos guías de actuación, una de las cuales está dirigida al personal que labora en este sector tan importante en México. Este ABC de Actuación para Personal en el combate a la trata de personas, está dirigido a trabajadoras y trabajadores de empresas turísticas que tienen contacto directo con los visitantes, particularmente aquellos de servicios de transporte y hospedaje en cualquiera de sus modalidades. Su objetivo es dar pautas sencillas y concretas para poder identificar señales de alerta en la operación cotidiana, saber qué hacer ante un posible caso y proporcionar los contactos directos para realizar reportes de manera segura, oportuna y confidencial a las instancias correspondientes. El documento les dice a los empleados que su rol en el trabajo los hace una pieza clave como prestadores de servicios turísticos, ya que desempeñan un papel fundamental en la prevención y detección de la trata de personas, pues al interactuar con los viajeros se encuentran en una posición privilegiada para identificar conductas inusuales o indicadores de riesgo que podrían pasar desapercibidas para otras personas. “Tu atención y capacidad de observación pueden marcar la diferencia para detectar posibles situaciones de explotación y contribuir a proteger la libertad, la seguridad y la dignidad de quienes podrían estar en riesgo”, les señala. ¿Pero, cómo identificar una posible situación de trata? Aunque es un delito complejo, existen ciertas señales que hay que saber captar: por ejemplo, la víctima puede estar bajo vigilancia constante y siempre acompañada; otra persona habla por ella, tiene el control de sus documentos, teléfono o dinero; y la víctima puede desconocer detalles esenciales de un viaje, como el motivo o destino. Una actitud delatadora es que la víctima evite interactuar con otras personas, muestre miedo, ansiedad o sumisión. Otra es que puede tener una apariencia descuidada, mostrar signos de maltrato o desgaste físico. En algunos casos, los servicios de la víctima son ofrecidos por terceros como si se tratara de la venta de un objeto, a través de catálogos físicos o en las redes sociales. Un niño, niña o adolescente víctima puede estar realizando actividades en un horario y lugar no adecuado para su edad. Puede parecer que está en situación de prostitución, mendicidad forzada o en algún trabajo riesgoso. También puede manifestar la intención de encontrarse con alguien que no conoce, o de viajar a otra ciudad o país. “En el caso de los espacios de alojamiento, se considera una señal de alerta cuando uno o más adultos quieren ingresar a las habitaciones con personas menores de edad con las que no parecen tener una relación de parentesco o bien, el número de niños, niñas y adolescentes es mucho mayor al número de adultos”, afirma el estudio y advierte que también hay que tomar en cuenta que en alguno de estos casos un menor de edad puede estar siendo explotado por su propia familia. Por último, el documento recomienda al personal, en caso de sospechar que está ante un caso de trata, registrar la mayor cantidad de información posible, observando y escuchando con discreción; no intervenir directamente ni confrontar a las personas involucradas y mucho menos difundir información en redes sociales. Su seguridad y la de los demás es prioritaria. Y, de inmediato, reportar la situación a las autoridades o instancias adecuadas que sí puedan actuar. “Recuerda que las víctimas se encuentran bajo control de sus tratantes, tu reporte puede ser la diferencia”, sostiene. Hay que recordar que este estudio, que se llevó a cabo en la Ciudad de México, Cancún y Puerto Vallarta, fue patrocinado por Aeroméxico y lo hizo público recientemente junto con la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC). Comentamos sobre el estudio Panorama de la Trata de Personas en el Turismo en México , que Aeroméxico financió y dio a conocer junto con, enfocado en Cancún, Puerto Vallarta y la Ciudad de México, documento que incluye dos guías de actuación, denominadas “ABC”, una de las cuales está dirigida a empresas turísticas. Estas ABC son herramientas prácticas y directas para fortalecer la capacidad de respuesta del sector ante este delito, en las cuales integraron la experiencia del sector privado con el conocimiento técnico de autoridades especializadas. El ABC para Empresas del Sector Turismo está dirigida a directivos, gerentes o responsables de la seguridad, del cumplimiento legal y operativo de las compañías. Su objetivo es ofrecerles un marco integral de actuación institucional a partir de tres puntos clave: Tipologías del Delito, que muestra cómo podría verse un posible caso de trata; Consideraciones de Actuación Empresarial, que incluye criterios y medidas que la empresa debe tomar en cuenta para reaccionar de forma organizada y efectiva; y Ruta de la Denuncia y Coordinación, un manual para articular acciones con las autoridades competentes. El estudio explica que la trata de personas es un delito complejo, pero existen ciertas señales que pueden alertar de un probable caso. Y, aunque una señal aislada no confirma el delito, hay dinámicas que revelan la manera en que operan las redes de tratantes y hay que saber identificarlas. Mujeres jóvenes provenientes de Chiapas, Colima, Jalisco, Tabasco, Veracruz y la propia Ciudad de México, así como extranjeras originarias de América Latina y Estados Unidos son explotadas sexualmente en hoteles, centros nocturnos, embarcaciones privadas, alojamientos temporales y casas de citas. Suelen provenir de zonas pobres y en su mayoría son madres solteras, estudiantes o jefas de familia. La red criminal, integrada por hombres y mujeres, las capta con ofertas de trabajo o por medio de una relación sentimental. Operan ofreciendo a los turistas servicios de “acompañamiento”, mediante agencias, redes sociales, grupos de mensajería instantánea, telefónicamente o de manera presencial como taxistas, quienes muestran a los potenciales clientes un catálogo con fotografías de las víctimas. Pero no todo es prostitución. También engañan con supuestos trabajos bien remunerados a niños, niñas y adolescentes, que son explotados laboralmente realizando entregas de mercancía en hoteles y restaurantes; en puestos de venta de comida o son obligados a pedir limosna o a participar en actividades delictivas. Ante estos escenarios –sostiene el estudio--, la participación de las empresas resulta fundamental en la lucha contra la trata, ya que sus instalaciones y servicios pueden ser utilizados involuntariamente por las bandas criminales. Al asumir una responsabilidad proactiva, el sector no sólo protege la integridad de sus empleados y clientes, “sino que también salvaguarda la reputación de los destinos, fortalece la seguridad de sus entornos y se consolida como un aliado estratégico de las autoridades en la prevención y erradicación de este delito”. Finalmente, el documento plantea cuatro puntos clave para que las empresas estén prevenidas y sepan qué hacer ante la detección de un posible caso: dar información y capacitar a su personal; tener protocolos de actuación, diseñados para responder con prontitud y eficacia ante cualquier sospecha; garantizar a los empleados que estarán respaldados, seguros y protegidos al momento de reportar un probable caso; y tener identificadas a las autoridades e instituciones competentes, a niveles municipal, estatal y federal, así como los canales oficiales para establecer un contacto inmediato. “El protocolo institucional establece de forma clara el “quién”, “cómo” y “cuándo” se debe realizar el enlace con las fuerzas de seguridad y organismos especializados, permitiendo una comunicación fluida, la entrega oportuna de información clave y una colaboración eficaz para la protección de las víctimas”, puntualiza el estudio.

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Aunque es un delito complejo, existen ciertas señales que hay que saber captar: por ejemplo, la víctima puede estar bajo