Woody Allen (Nueva York, 1935) cumple 91 años este 30 de noviembre y, al menos por ahora, no parece dispuesto a jubilarse. El polémico director estadounidense se encuentra desde principios de octubre en Madrid rodando su película número 51 , una comedia romántica ambientada en el mundo diplomático que pasará durante seis semanas por más de treinta localizaciones de la región. El Ayuntamiento y la Comunidad Autónoma de Madrid han financiado la cinta con 1,5 millones de euros cada uno . En total, tres millones de euros para “promocionar” Madrid como destino turístico, según figura en los contratos. El proyecto supone además el regreso de Allen al cine después de que en 2023, tras estrenar Golpe de suerte , asegurara que quería retirarse porque hacer películas se había vuelto “agotador”. La jubilación, sin embargo, ha durado poco. “No me quiero retirar del cine aún”, aseguró el pasado 1 de octubre, durante la presentación del proyecto que contó con José Luis Martínez Almeida e Isabel Díaz Ayuso, y donde definió la capital como el escenario “perfecto” para una historia con “romance, intriga e infidelidad”. Tampoco es la primera vez que España se convierte en escenario de una de sus películas. Será la tercera después de Vicky Cristina Barcelona (2008), rodada en Barcelona y Asturias, y Rifkin’s Festival (2020), ambientada en el Festival de San Sebastián. La financiación de la película volvió a poner encima de la mesa el dinero que destinan las arcas públicas madrileñas, y más teniendo en cuenta que el presupuesto del gobierno de Ayuso este 2026 para ayudas a la producción de largometrajes es en total de tres millones de euros. Una financiación con polémica El dinero, precisamente, es una cuestión sobre la que Allen reflexionó hace más de dos décadas. En 2002, al recoger el Premio Príncipe de Asturias de las Artes , el cineasta comparó el Hollywood con el que había crecido con el cine europeo que descubrió después de la Segunda Guerra Mundial. Así, recordó que Fellini, Buñuel, Kurosawa, Bergman, De Sica o Truffaut le hicieron descubrir que una película podía ser algo más que entretenimiento: “Enseguida nos dimos cuenta del potencial que tenía el cine para convertirse en una forma de arte ”, dijo. Su diagnóstico sobre la industria estadounidense de aquel momento fue bastante menos amable. “Actualmente, los Estados Unidos han entrado en un periodo poco creativo en cuanto al cine . Los estudios conciben sus proyectos para hacer dinero”, afirmó, antes de lamentar que muchas producciones estuvieran destinadas al “más bajo denominador común” y que la tecnología hubiera terminado imponiéndose sobre las historias. “El elemento humano se ha perdido por completo ”, sentenció. Allen fue todavía más gráfico al hablar de las cifras que movía Hollywood: “Se gastan cientos de millones y se pierden cientos de millones en un fin de semana. Se gastan más dinero en publicidad en una película que todo el dinero que Buñuel se gastó en toda su vida haciendo películas. La situación se ha desmadrado por completo”, añadió, para concluir: “Espero que los europeos sigan liderándonos y guiándonos en nuestro camino, porque al final de Estados Unidos no nos está llegando nada”.
Woody Allen (Nueva York, 1935) cumple 91 años este 30 de noviembre y, al menos por ahora, no parece dispuesto a jubilars

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