El filólogo Pedro Luis Barcia fue reconocido como Personalidad Emérita de la Cultura “por su trayectoria como investigador y académico, y sus aportes al estudio y la difusión de la literatura, la lengua y la cultura argentinas, así como a la preservación de nuestro patrimonio lingüístico y literario”, según comunicó la Secretaría de Cultura de la Nación . La ceremonia de entrega del reconocimiento tuvo lugar el 26 de octubre en el Palacio Libertad , en presencia de numerosos colegas, amigos y familiares. El acto comenzó con la proyección de un video homenaje que recorrió los principales momentos de la trayectoria de Barcia. Le siguió la entrega de la placa de reconocimiento que dos nietos del homenajeado llevaron hasta el escenario. Luego hizo uso de la palabra Leonardo Cifelli , secretario de Cultura de la Nación. Finalmente, la periodista de Infobae Claudia Peiró dialogó con Barcia por espacio de media hora en un recorrido por toda su obra, Leonardo Cifelli dijo que la distinción reconoce “una vida dedicada al estudio, la enseñanza y la defensa de nuestra lengua y nuestra literatura ” y a una trayectoria que reúne “algunas de las tareas más valiosas que puede asumir un intelectual”. Destacó las contribuciones al patrimonio literario y documental argentino de Barcia, como el “descubrir textos olvidados, recuperar documentos y ampliar el conocimiento que tenemos de nuestra propia historia”. También sostuvo que su trabajo “nos recuerda que conocer nuestra cultura es también una manera de conocer y querer a nuestra amada Argentina” . Incansable a sus 87 años, Barcia sigue batallando por inculcar el amor a nuestra literatura y tradiciones y por difundir la obra de los autores más emblemáticos de nuestro país, no siempre lo suficientemente recordados y leídos. En este sentido, fue muy acertado el Secretario de Cultura al subrayar que los reconocimientos recibidos por Barcia “ no marcan el final de una trayectoria sino que la ponen en valor y renuevan su proyección hacia el futuro”. En ese sentido, dirigiéndose a él, dijo: “Esta distinción es una manera de agradecerte por todo lo que hiciste y por lo que tu obra seguirá aportando a la cultura argentina”. Nacido en 1939 en Gualeguaychú, Entre Ríos , Pedro Luis Barcia es doctor en Letras por la Universidad Nacional de La Plata . Su obra se caracteriza por la amplitud de intereses en torno a la literatura , la lengua y la cultura . Tiene en su haber numerosos trabajos, entre ellos, Prosas de Rafael Obligado (1976), Escritos dispersos de Rubén Darío (1977), La lira argentina (1982), Shakespeare en la Argentina (1996) e Historia de la historiografía literaria argentina. Desde los orígenes hasta 1917 (1999). Entre sus principales aportes se destacan el rescate de textos y documentos olvidados o considerados perdidos , la recuperación de escritos desconocidos de autores como Leopoldo Lugones, la identificación de diversos testimonios de la narrativa policial argentina y el hallazgo de un diccionario de argentinismos de 1875. Su trabajo contribuyó a profundizar el conocimiento de la tradición literaria y a ampliar el patrimonio documental de la cultura argentina. Barcia presidió la Academia Argentina de Letras entre 2001 y 2013 y fue designado Miembro Correspondiente Americano de la Real Academia Española. También presidió la Academia Argentina de la Educación , de 2012 a 2016. “Gracias a la educación pública, que en mi época era muy buena” “En primer lugar, agradezco a mis padres , que me dieron una educación cristiana y me enseñaron la cultura del trabajo . A mi esposa Susana , que me plenificó la vida, y a mis hijos y nietos ”, dijo Barcia al tomar la palabra. También recordó a todos los que lo acompañaron en su trayectoria, los maestros que lo formaron, los colegas y los que colaboraron con él en sus publicaciones. “Quisiera decir también mi gracias a la educación pública, que en mi época era muy buena”, siguió diciendo, “a la Universidad de La Plata y a su biblioteca, porque ”siempre hay que recordar dónde está la cantera de uno”. Luego evocó una anécdota de su adolescencia: “Quería decir también al señor Secretario que no voy a decir que no merezco este premio , porque a los quince años, cuando gané un concurso de sonetos en Gualeguaychú, osé decir al público ‘este premio es inmerecido’. Llegué a casa y mi padre me apestilló: ‘Usted no es quién para desautorizar a gente de criterio’ . Y el Secretario de Cultura es gente de criterio”. Lo que despertó risas y aplausos de los presentes. La entrevista — Voy a tratar de hablar con una voz pulpitable, como describe usted a la suya [ risas ]. Conocí a Pedro Luis Barcia en el Bicentenario, 2016, en la Diplomatura de Cultura Argentina. Creo que la definición que mejor le cabe es la de “intelectual que enseña a conocer y amar a la Patria”, porque ese es el hilo conductor de toda su obra. Voy a leer los epítetos que Barcia mereció por parte de alumnos, colegas y amigos: “Pedro el Grande, persona extraordinaria, el mayor defensor de nuestra lengua, erudito, generoso, ameno, sabio, maestro, admirable, un imprescindible”. — Prometo aplicarme hasta llegar a ese nivel. — Estoy segura de que los aquí presentes comparten estos epítetos. Usted agradece a aquella escuela argentina que añoramos. Pero no se ha quedado en el diagnóstico de su crisis actual. ¿Cuál fue su aporte o su intento de aportar a mejorar o a salvar esta crisis de nuestra escuela? — Yo quise aplicarme, a partir de la presidencia de la Academia de Educación, a todos los niveles posibles con abusiva aspiración. Lo cierto es que produje un librito para la educación de la comprensión lectora, no de textos escritos únicamente, sino de gestualidad, de oralidad, de gráfica. Todo eso está desarrollado para la ejercitación de los chicos en una lámina para inicial y siete cuadernillos destinados a cada uno de los grados. Empezó a aplicarse, pero tuvimos mala suerte porque la editorial se fue a España. Enseñar a leer supone tres meses, pero para comprender tenemos toda la vida. Un segundo aporte fue El método del caso , que yo adapté a primaria y secundaria. Y después un volumen grueso con toda mi experiencia en los modos comunicativos en la universidad, que ha pasado sin pena y sin gloria y que ha tenido dos lectores. Estoy tratando de averiguar quiénes fueron para invitarlos a cenar [ risas ]. — También tuvo contacto con la formación docente. — Sí, con los institutos de formación docente. En uno de los primeros que se instaló en La Plata, elaboré yo solo los contenidos mínimos y las aptitudes básicas que se publicaron al día siguiente como producto de un equipo de trabajo. Esa es la realidad de nuestra educación. Lo que yo sufrí con ese cambio, con la supresión de las Escuelas Normales , que eran normales porque daban normas, al pasar a estos institutos, que han crecido viciosamente hasta ser unos 1500… De todos modos, me puse a servir a los institutos, hicimos una guía muy importante y mandamos a los correos electrónicos de los entonces 1200 institutos, recibí tres respuestas. — Ha dicho que en nuestro país ya no se enseña Historia de la Cultura argentina... — Cuando yo era chico había una materia que se llamaba Historia de la Cultura y yo alcancé a juntar todos los manuales que se publicaron, y era una obsesión lograr en algún momento un curso de Historia de la Cultura para los muchachos, para que supieran dónde están insertos. De esta obsesión surgió en 2010 la Diplomatura de la Cultura Argentina. Por ahí han pasado más de tres mil alumnos, muchos acá presentes. Ahí se ha hablado de cine, de tango, del mate, de todos los matices de la cultura argentina, ágrafa y letrada. — Hace poco, fue incorporado a la Orden Caballeros Granaderos de los Andes. ¿Qué hizo para merecerlo? — Sí, es el distintivo que llevo en la solapa. Lo llevé antes en la mente y en el trabajo. En historia únicamente me he dedicado a San Martín. Y le destiné a San Martín un libro que hicimos con Adela Di Bucciánico, sobre las bibliotecas del Libertador, sus librerías como se decía en el siglo XIX, la que tuvo en Argentina y la que generó después en Boulogne-sur-Mer y que la familia donó a la Biblioteca Nacional. San Martín es el único militar en la historia que llevó consigo una biblioteca de unos setecientos volúmenes a través del Atlántico hasta Buenos Aires y de allí a través de La Pampa hasta la Cordillera. Traspuso con ella la cordillera y después la embarcó hasta Lima y allí la donó para fundar una biblioteca, porque decía que era sumamente importante para mantener la independencia de un país después de las armas. — Usted dijo: “Me interesa la literatura que sirve para alimentar la vida y llenarla de valores”. ¿Es ese el criterio con el cual eligió los autores a los que se dedicó? — Siempre la lectura es el mejor camino para perfeccionar al hombre. Y la lectura sostenida de un mismo texto lo enriquece, porque como decía Heráclito: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”, nadie lee dos veces el mismo texto . Uno cambia y advierte otras cosas. El mayor trabajo que he tenido en la educación de los muchachos no fue en la lectura, ya vienen leyendo, sino en la comprensión de lo que se lee. — Hace relativamente poco, reeditó dos libros suyos: Leopoldo Marechal: Palabra trascendente y plenitud de sentido y Lugones desconocido. — En mis Memorias de un gurí , cuento cómo lo conocí a don Leopoldo Marechal. Un profesor me consiguió una cita con él. Yo estaba haciendo la colimba en la Marina y lo fui a ver de uniforme. Toco el timbre, entreabre Marechal y ve un lungo de 1,80 con gorra y casaca militar, y habrá pensado que lo venían a detener porque estaba en el exilio político y lo perseguían... Cuando le digo: “Don Leopoldo, mi nombre es Barcia….”, se empezó a reír, tanto que no me abría la puerta. Así empezó una serie de muchas visitas que le hice y terminé trabajando en su obra, haciendo una compilación de todos los poemas y ensayos dispersos y una edición voluminosa de Adán Buenosayres en España, con un prólogo de cien páginas y miles de anotaciones. Siempre he sido larguero. Francisco Ayala presentó y elogió ese trabajo que fue premiado por el Ministerio Español de Educación entendiendo el valor de una edición anotada. A partir de allí trabajé en las obras completas de Marechal e hice el catálogo de toda su producción. — Pasemos al otro Leopoldo. — Sobre Lugones he trabajado muchísimo. He publicado la serie de Lugones desconocido , que tiene unas 1500 páginas ignoradas. María Esther Vázquez, una excelente periodista de La Nación, me dijo: “Usted es un rescatador de náufragos, no un exhumador de cadáveres”. Y esa fue mi gran tarea. Los textos que estaban perdidos, que llegaron en total a ser más de trece mil, que fui editando a través de este trabajo arduo. Inicié las obras completas de Lugones en una magnífica edición que solo alcanzó a los 5 tomos porque se me murió el editor. Durante la pandemia, venía a casa un joven que me ayudaba a ordenar los libros. Del altillo bajó cincuenta cajas llenas de material que yo había ido reuniendo en los tiempos libres que me dejaban las academias, las clases y el Conicet. Tengo pocas virtudes. Una de ellas es la memoria, que ejercité desde chico, porque un profesor me dijo: “Usted no es inteligente, usted es memorioso”. Y pensé: “Si mi única cualidad es la memoria, tengo que ser el mejor del barrio”. Con la memoria usted puede ir a la sala de espera del dentista y repasar poemas, cuentos, refranes. Es decir, lleva consigo una riqueza muy grande. La segunda cualidad que tengo es la de bulldog. Cuando muerdo un tema, se me acalambran los músculos masticadores y no lo largo hasta que no lo soluciono. Tercero, una voluntad firme de poner orden en lo que toco. De modo que no hay inteligencia, pero hay tres cosas que me han valido en la vida y por las que doy gracias a Dios. — Esperemos que no suceda, pero si un día como en Fahrenheit 451, se queman los libros, vamos a tener a Barcia para reconstruir las bibliotecas. [ risas ] — Es que yo sirvo para los fogones , porque recuerdo muchas cosas y más. Recuerdo cosas que nadie recuerda. Por eso es importante escribirlas. Creo que es un error pedagógico el condenar la memoria como hace mucho docente amnésico. La memoria es una potencia única. Por eso los griegos le dieron a Mnemósine, la diosa de la memoria, la maternidad de todas las artes. — Otros autores que le interesaron son Borges, Arlt, Abel Posse, Enrique Banchs, Eduardo Mallea… De Mallea, envidio el título Historia de una pasión argentina . — Es un libro fundante del desarrollo espiritual de una preocupación por el país. Mallea fue uno de los que ha tocado a fondo el rastreo de los rasgos identitarios de la Argentina. Yo he dedicado un gruesísimo libro a esto de la identidad, que es un tema central. Es una preocupación que tenemos los argentinos, que nos alienta a investigar cómo somos, quiénes somos, y tiene dos raíces. La primera, la inseguridad, porque usted no sabe quién es. Y la segunda, una satisfacción de hablar de sí mismo, como me ocurre a mí. — ¿Cómo se producen sus hallazgos, por ejemplo, cómo se encuentra un diccionario de argentinismos que todos creían perdido? — Yo había leído que había una Academia Argentina de Artes y Letras fundada en 1875 que estaba preparando un diccionario. Empecé a rastrear en las bibliotecas de los miembros de esa entidad, hasta que descubrí que el material estaba en la Academia de Letras que yo presidía, y que nadie lo había detectado. Así di a conocer el primer diccionario de argentinismos del país. También descubrí el primer poema que se escribió en la Argentina sobre el Polo Sur, en 1875. Y eso me motivó a hacer una antología de la literatura referida a la Antártida argentina, que yo subtitulo La toma de posesión del continente blanco a través de la literatura . Realmente he tenido sorpresas increíbles en lo que fui descubriendo. Lo que más lamento es que no tendré tiempo ya para escribir lo que era una de mis obras preferidas, sobre la literatura referida a la lucha por la frontera interior por el indio. Las tres cajas que me esperan creo que no serán abiertas porque ya no me queda mucho hilo en el carretel. Otro tema sobre el que publiqué muchos trabajos sueltos, El Quijote en la Argentina , según Alberdi, según Mujica Láinez, y otros autores entre los que destaco al fraile aquel ( Francisco de Paula Castañeda ) que tenía la peculiaridad de ser el único unitario anti rivadaviano. Este tema me llevó a descubrir en Caras y Caretas la riqueza enorme de publicidad con el Quijote para vender queso, dulces, lociones capilares. Todo esto lo recogí para publicarlo y me interesaría hacerlo si Dios me da vida. — No sabía que había incursionado también en la narrativa policial… — Sí. La narrativa policial argentina es un tomo gordo como casi todo lo que publico. Doy a conocer las dos primeras novelas policiales en lengua española, hechas por un jurista argentino allá en la década de 1870. Y descubrí otros textos desconocidos de pesquisistas y de detectives que no han tenido incorporación a la historia de la literatura policial argentina. Destiné un capítulo especial a la narrativa policial de Leonardo Castellani , sin duda, como ha dicho Rodolfo Walsh en su primera antología de la literatura policial argentina, uno de los mejores autores de policiales. — Otro autor poco estudiado. — Castellani es leído por un sector de la derecha nacionalista argentina porque lo asocian a una actitud nacionalista que él desmiente. Yo publiqué tempranamente un artículo que decía “Castellani es de todos”. Es el mejor fabulista del país, que no figura en las mejores historias de la fábula. Y es el mejor autor en literatura de la parusía, del Apocalipsis, en lengua española actualmente. — Castellani, como Lugones y Marechal, es un autor sobre el que pesa el prejuicio por la ideología, o la pertenencia política. — Es cierto. Marechal ha padecido mucho. Él firmaba como “El poeta depuesto”, porque después de caído el peronismo, nadie lo visitaba. Pero cuando publica su última novela, Megafón o la guerra , que tubo una gran publicidad, todo el mundo decía que lo visitaba a Marechal. Pero yo que lo visitaba a menudo, nunca veía a nadie, salvo cinco amigos fieles. Lo mismo pasó en otro terreno con Pedro Henriquez Ureña. A sus clases en La Plata iban cinco personas, pero hoy todos los lingüistas argentinos han sido discípulos de Henriquez Ureña. Hay que vencer muchos prejuicios que se transmiten sobre todo a través de los manuales de literatura, que son los que tienen la capacidad penetrativa de fijar en el chico y en el profesor juicios equivocados. A Lugones también lo han hecho trizas. Era un hombre difícil pero hizo mucho bien por el país y sus últimos poemarios son realmente de esencia argentina. — Como dijo alguien alguna vez, no hay tema de la identidad argentina en su reflejo literario por donde no haya pasado Barcia, pero por suerte para nosotros, él mismo hizo un repertorio, un librito con todo el detalle de sus trabajos, que se llama… — Mis trabajos y mis días . Soy tan poco creativo que le robé a Hesíodo el título. Ahí están mis trabajos como muestra de lo que aprendí de mis padres, la cultura del trabajo. Y más de trescientas notas periodísticas. Agradezco a los periodistas que se ocuparon de nuestra tarea en las academias. Queríamos asociarnos al periodismo, porque ahí estaba la clave de asegurar un buen discurso en buena lengua que fuera modelo para el público. — Como saben, Barcia es un gran comunicador, lo que es una virtud, porque no todos los académicos tienen la capacidad de comunicar. Los libros de Barcia son eruditos, pero están al alcance de todos. — Sí, la comunicación la tomé muy en serio, tanto que creé por vez primera en una academia argentina el departamento de comunicación. Pero además, por semana les pasábamos a 120 radios un comentario sobre las tres últimas palabras problemáticas de la lengua, para que ellos pudieran tener material. También hice cosas con ADEPA, di conferencias interactivas para periodistas del interior, para aclarar dudas. Y empecé a hacer un listín, que ya lleva seis páginas, de los errores más frecuentes en la televisión, pero creo que no lo voy a dar a conocer porque me voy a echar encima el gremio. Pero está fracasando la educación en la lengua para los comunicadores. — Bueno, me queda una sola cosa por hacer, que es ponerme de pie para aplaudirlo. Toda la sala estalló en aplausos pero Barcia no pudo con su genio y dijo: “Le agradezco mucho a nuestra entrevistadora, Claudia Peiró, de Infobae, porque ha cumplido con todo lo que le pedí, inclusive con el aplauso fina”. Entonces a la ovación se mezclaron las risas...
— Yo había leído que había una Academia Argentina de Artes y Letras fundada en 1875 que estaba preparando un diccionario






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