Juan Carlos Calabró murió el 5 de noviembre de 2013, a los 79 años , apenas tres meses después de recibir, visiblemente enfermo, el homenaje más emotivo de toda su carrera en los premios Martín Fierro. La noticia sacudió al país esa misma mañana y generó una conmoción que trascendió al ambiente artístico. Entre las voces que se expresaron esos días estuvo la de su esposa, Aída Elena “Coca” Picardi , con quien llevaba más de cinco décadas de matrimonio. “Yo siempre lo apoyaba, lo alentaba”, dijo entre lágrimas. Y agregó una frase que resumía toda una vida compartida: “La verdad es que no sé cómo sigue mi vida sin él”. La salud del humorista venía complicada desde meses antes, al punto de que en sus últimos años debió atravesar varias internaciones. Su familia se organizó para acompañarlo en consultas médicas y tratamientos, y su esposa prácticamente no se separó de él durante ese tramo final. El público había podido advertir su estado durante la ceremonia de los Martín Fierro de ese año, celebrada el 5 de agosto en el Teatro Colón. Allí, acompañado por sus hijas Iliana y Marina, recibió una estatuilla especial por su medio siglo de carrera . Con la voz quebrada por la emoción, alcanzó a decir: “Después de acompañarlos 50 años en sus hogares, hoy se hizo justicia”. Entre el público que lo ovacionó de pie estaban Mirtha Legrand y Susana Giménez, mientras su esposa lo observaba desde un palco. Juan Carlos Calabró había nacido el 3 de febrero de 1934 en Buenos Aires, en una familia de origen italiano. Uno de sus más recordados personajes fue Johnny Tolengo, el Majestuoso, un cantante pop de trajes blancos y tapados de piel cuya identificación musical todavía se canta en las canchas de fútbol con la frase “Estás para ganar” . Otro fue Aníbal, un galán de barrio que mezclaba inglés y español y por supuesto Renato, el protagonista del ciclo El Contra , que confundía a figuras imposibles de confundir como el más grande de todos los tiempos: Diego Armando Maradona. Todos esos personajes surgieron en 1978, cuando Calabró lideró su propio proyecto televisivo: La vida en Calabromas, que luego pasó a llamarse simplemente Calabromas. El ciclo se convirtió en una institución del humor argentino durante toda la década del 80. Johnny Tolengo conquistó especialmente a los niños, aunque buena parte de sus chistes apuntaban a los adultos. Aníbal, por su parte, usaba un auto Topolino y dejó frases como “Tu ruta es mi ruta” y “Cuidado con el Bobero”. El éxito de Aníbal trascendió la pantalla chica y llegó al cine de la mano de otro de los grandes del humor argentino, el fallecido Juan Carlos Altavista, en su papel de Minguito Tinguitella. Juntos filmaron Mingo y Aníbal, dos pelotazos en contra , Mingo y Aníbal contra los fantasmas y Mingo y Aníbal en la mansión embrujada . Johnny Tolengo también tuvo su propia película, Johnny Tolengo, el majestuoso . En total, Calabró participó de 16 largometrajes a lo largo de su carrera. El personaje de Renato había surgido como un sketch dentro de Calabromas, después de que Calabró notara que lo confundían frecuentemente con el actor Alfredo Alcón. La idea derivó en un programa propio: El Contra. El ciclo debutó en 1989 bajo el título Toda estrella tiene contra , con Antonio Carrizo como contraparte. Renato, se presentaba como nacido y criado en Banfield y siempre despistado, desconocía a celebridades invitadas y generaba situaciones de enojo fingido. Más tarde sumó un giro adicional: su hija Iliana interpretaba a Renata, la supuesta hermana italiana del personaje. El formato se convirtió en un clásico de la televisión argentina y volvió a emitirse en 2003, una década después de su estreno original. Años más tarde, el presentador radiofónico y televisivo Mario Pergolini diría que ser convocado a ese ciclo era sinónimo de alcanzar un reconocimiento masivo en el mundo del espectáculo argentino. Una de las frases más recordadas del personaje nació de la improvisación. En una ocasión, al olvidar la letra de un diálogo, Calabró inventó a un mozo imaginario llamado Pedro para ganar tiempo en escena. Así surgió el saludo “Pedro, mirá quién vino” , que terminó incorporado al habla popular como expresión irónica para los recién llegados. El productor teatral Carlos Rottemberg, amigo cercano de Calabró durante casi 40 años, compartió un recuerdo preciso de 1987, cuando Johnny Tolengo vivía su mejor momento. “Juan Carlos en el camarín esperaba, en silencio, el inicio de la función. A media luz, solitario, sentado en una silla, con un cigarrillo en la mano”, señaló. El productor -que tenía una relación familiar y también laboral con el humorista- contó que, apenas minutos después de esa quietud, Calabró se transformaba en “una explosión de vitalidad” sobre el escenario. Lo definió además como “el tipo bonachón que supo escalar cada peldaño de su profesión durante 50 años” . Rottemberg también recordó una escena en Buenos Aires, cuando con Calabromas estrenaron en el Ópera las temporadas teatrales infantiles de invierno. Ante su propia imagen gigante en la marquesina de la avenida Corrientes, Calabró llegaba con una cámara de fotos para retratar personalmente la entrada, entre sorprendido e incrédulo. Por eso el productor remarcó: “Nunca terminó de creerse el cuento de la fama” . A lo largo de más de cinco décadas, Calabró compartió escenarios y estudios con nombres centrales del espectáculo argentino: Antonio Carrizo, Juan Carlos Altavista, Susana Giménez, Fernando Bravo, Carlitos Balá, Emilio Disi y Gerardo Sofovich, entre otros. Una de las anécdotas más repetidas entre quienes trabajaron con él es la que recuerda su relación con los técnicos de televisión. Llegaba temprano a los estudios, conocía el nombre de cada uno y los saludaba uno por uno , un comportamiento poco frecuente entre figuras de su popularidad que explicaba buena parte del cariño que generaba puertas adentro de los canales. La carrera artística de Calabró tuvo un comienzo alejado del espectáculo. En su adolescencia fue ciclista federado, tras ganar varias competencias, hasta que el hábito del cigarrillo lo llevó a abandonar el deporte cuando la alta competencia se perfilaba como su futuro. Optó entonces por estudiar locución en el ISER, donde superó su timidez inicial gracias a la práctica radiofónica. Debutó en los medios a principios de los años 60 con el programa Farandulandia, y poco después dio el salto a la televisión en Telecómicos. En simultáneo desarrolló su carrera teatral, con un papel en Extraña Pareja , de Neil Simon, y participaciones en escenarios porteños como el Maipo, el Nacional y el Astros. En 1972 integró el elenco de Circus Show, el ciclo conducido por uno de los actores más admirados por los niños argentinos: Carlitos Balá. Fue en esa etapa cuando el propio Calabró explicó la fórmula que sostuvo toda su trayectoria: “La clave de mi carrera fue que yo fui el creador de mi propio muñeco” . A fines de los 90 y principios de los 2000 sumó papeles en Campeones de la Vida y Padre Coraje, ambos ciclos de ficción televisiva de El Trece. Desde 2005 se alejó parcialmente del espectáculo, aunque hizo apariciones esporádicas en obras como Calabró + Calabró , donde compartía escenario con su hija Iliana bajo la bandera del “humor rosa”, como él mismo definía a su estilo sin golpes bajos. La relación con Coca Picardi había comenzado mucho antes de la fama, cuando Calabró todavía buscaba oportunidades laborales. Según contó él mismo tiempo después, había pedido ayuda para encontrar una buena compañera y sintió que la aparición de Coca fue “un milagro”. Se casaron el 5 de enero de 1962. En 1966 nació Iliana, la primera hija de la pareja, que de chica empezó a estudiar teatro y a quien su propio padre ayudó a dar sus primeros pasos en la televisión. Siete años más tarde llegó Marina Edith, que eligió un camino distinto: estudió Ciencias Políticas y luego se dedicó al periodismo. Con el tiempo llegaron los nietos: Nicolás y Stéfano, hijos de Iliana, y Mía, hija de Marina. La familia también atravesó momentos difíciles, como el escándalo judicial (La ruta del dinero K) que involucró a Fabián Rossi, expareja de Iliana, un caso de fuerte repercusión mediática del que Calabró y Coca acompañaron a su hija desde la contención familiar. El recuerdo de Calabró sigue movilizando a Marina Calabró, que en 2026 se volvió viral al quebrarse al aire mientras hablaba del conflicto entre Tini Stoessel y su padre, Alejandro Stoessel, en un diálogo con Mario Pergolini en el programa de televisión llamado Otro Día Perdido. Muchos interpretaron que el llanto estaba relacionado directamente con la cantante, a partir de un fragmento donde Tini decía que ponía las manos en el fuego por su padre. La periodista aclaró después, en diálogo con el mismo presentador, que esa lectura no reflejaba lo que realmente le había ocurrido. El origen del quiebre, según explicó estuvo en una frase de su compañero Luis Ventura sobre el vínculo entre un padre y una hija: “Sí, pero te cuidó y cruzó el cuerpo por vos hasta el último día de su vida”. Esa frase, dijo Marina Calabró, fue la que la desestabilizó emocionalmente: “Eso me movilizó”. En ese mismo contexto surgió un recuerdo familiar que ella desconocía. Días atrás se había cruzado en la puerta del canal con un hombre que se presentó como el dueño del hotel de Bariloche donde había pasado su viaje de egresadas , y que le confirmó que su padre llamaba todos los días antes de las tres de la tarde para saber cómo estaba. Una anécdota más que pinta a Calabró, como el padre que, además de ser estrella, cuidaba de sus hijas. Aunque fuera en secreto.
Juan Carlos Calabró murió el 5 de noviembre de 2013, a los 79 años , apenas tres meses después de recibir, visiblemente




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