“Fue en dicha oportunidad, en que conversé de los movimientos de máquina, cuando le cuento a Ángela que si le iba bien a Eduardo Lagos en la causa, él me participaría de los honorarios de la causa. Le señalé que era una causa grande para Eduardo Lagos y que me había pedido que lo ayudara en la tramitación”. Esas palabras, dichas por Gonzalo Migueles el jueves 3 de septiembre frente al fiscal Andreas Kusch –quien integra el equipo investigativo de la trama bielorrusa–, fueron un punto de inflexión en su ya resquebrajada relación con la exministra de la Corte Suprema Ángela Vivanco . La de septiembre fue la segunda vez que compareció ante los investigadores. Pero a diferencia de su testimonio anterior, del 23 y 24 de abril donde fue extremadamente cuidadoso con Vivanco, esta vez el imputado optó por pensar en su propia situación penal y no le importó tirar el mantel. Así fue como Migueles pasó de afirmar que su expareja nada sabía de los dineros que el abogado Eduardo Lagos Herrera le había entregado, a sostener que ella estaba al tanto de la plata extra que le llegaría si lograba que a la empresa que representaba Lagos, el Consorcio Belaz Movitec, le fuera bien en su millonario litigio contra Codelco. Ese testimonio estuvo 40 días bajo reserva, periodo en que abundaron los trascendidos referentes a que Migueles había traicionado a Vivanco. Esos comentarios, en privado, apuntaban a una eventual negociación entre el imputado y los persecutores para que el Ministerio Público no pusiera obstáculos para salir de la cárcel y cumplir arresto en su casa. Pese a lo que sea que haya pactado Migueles, en la otra vereda –tal como afirman desde el entorno de la exjueza–, apenas tuvo acceso a la declaración, la exsuprema recibió su relato como un balde de agua fría. Una verdadera traición de su propia expareja. Vivanco sabía que su expareja había declarado, pero hasta que Ciper publicó el contenido del testimonio, no se enteró de lo que realmente había dicho. Lo primero que le comentó a sus cercanos fue que no entendía por qué Migueles había cambiado de versión. Según comentan quienes conversaron con ella, Vivanco transmitió que su expareja había inventado la mayoría de esos antecedentes , insistiendo en que nunca se enteró de que Lagos le pasaba plata. Quienes han tomado contacto con Vivanco atribuyen el giro de Migueles a la posibilidad de que él llegara a un acuerdo con el Ministerio Público que le permitiera acceder a ciertos beneficios. De hecho, recuerdan las mismas fuentes, cuando Vivanco supo de la extensión que tuvo la audiencia en que se rebajó la prisión preventiva de Migueles a arresto domiciliario total, comenzó a sospechar. Que la revisión de su cautelar solo durara un par de minutos y que la Fiscalía ni los querellantes se opusieran, la hicieron pensar que la habían implicado en las acusaciones. Algo que repitió por esos días, comentan cercanos a la exjueza, fue que el nuevo testimonio entregado por su expareja estaba lleno de contradicciones . Por ejemplo, comentó que no tenía ningún asidero ni era posible que ella aceptara poner en riesgo toda su carrera como abogada sin que siquiera, como dijo Migueles, ella supiera sobre los montos que él recibiría ni se le entregara parte de esos dineros a ella. Asimismo, le evidenció a su entorno que sería absurdo que ella, que supuestamente era muy cercana a Lagos Herrera –como da cuenta la imputación en su contra–, no hubiera conversado los términos del presunto trato directamente con él. La única explicación a la que ha arribado para entender el trasfondo de la declaración, dicen amigos de la exmagistrada, es lo referente al acuerdo con la fiscalía. Porque, además, también le llamó la atención el ahínco con que Migueles expresó que ni Mario Vargas ni Gabriel Silber sabían del supuesto pacto con Lagos. Como sea, la declaración de Migueles marcó un antes y un después en su relación con Vivanco , a pesar de que en realidad los dos hace ya varios meses de forma tácita habían puesto fin a su relación. 14 años juntos La última vez que la exjueza conversó con quien fuera su pareja por 14 años fue hace casi un año, el 4 de noviembre de 2025. Ese día, Migueles fue a dejar a Vivanco a un taller literario que impartía Isabel Eluchans. Cuando iban en camino, la exjueza recibió el llamado de su hija, quien le alertó que había llegado personal de Carabineros a la casa que en ese momento compartían en la comuna de Las Condes, a detener a Migueles. Vivanco se preocupó, aunque con los días la fue invadiendo un sentimiento de confusión. No pensaba que su compañero pudiera estar realmente involucrado en los hechos que se le atribuían, no habían abordado el tema previamente y con sorpresa se fue enterando del tenor de los antecedentes que estaban en manos del Ministerio Público bajo extrema reserva. A pesar de que la Fiscalía ha expuesto antecedentes que vincularían a Vivanco con los delitos de cohecho y lavado de activos, ella se ha mantenido firme en que jamás incurrió en alguna situación constitutiva de delito. Migueles le hizo saber a ella y a la mayoría de sus cercanos que no quería que lo visitaran en Capitán Yáber. Por lo mismo, la comunicación se cortó. A través de su abogado envió notas donde pedía elementos que necesitaba y Vivanco se los enviaba con la pareja de la trabajadora de casa particular que los ayudaba. A pesar de que Vivanco decidió dar por terminada la relación tras enterarse de los detalles del caso, creyendo haber caído presa de las acciones de un hombre que la utilizó, igualmente –cuentan desde el entorno de ambos– ella lo ayudó a fichar a los abogados que lo han representado. Tuvo permanente contacto con Patricio Vergara, y con Álex Carocca alcanzó a mantener comunicación un par de veces, hasta que también fue detenida. Migueles hizo intentos por acercarse estando en prisión preventiva. Tal como publicó hace meses este medio, solicitó autorización para sostener videollamadas con la exmagistrada. Ella accedió a que fuera solo una llamada y solo con el objetivo de coordinar asuntos domésticos. Pese a ello, el contacto no se concretó, dado que Gendarmería informó que no tenía capacidades técnicas. Vivanco había aceptado, porque hasta antes de enterarse de que Migueles había cambiado su versión ante los fiscales, ella sí pretendía conversar con su entonces pareja respecto del quiebre y cuestiones del hogar. Mal que mal habían estado años juntos, compartían una casa, viajes familiares y todo lo que implica un vínculo de más de una década. Sin embargo, hoy esa puerta estaría cerrada y, de acuerdo con cercanos a la exsuprema, ya no le ve sentido a tener alguna conversación con él. Por suerte, dijo a un amigo con el que suele conversar, la casa que tenían ya no existe y cada uno se ha instalado por su lado. A juicio de la exministra, nada justifica que Migueles haya inventado lo que dijo al fiscal en su segunda declaración. Un antecedente que quizás habría hecho que el golpe no fuera tan duro para ella –cuenta una cercana a la exjueza– habría sido que Carocca le adelantara a su defensa que su expareja iba a tomar el camino que escogió , al menos por deferencia. Así no se hubiera terminado enterando por la prensa de que con quien había compartido parte importante de su vida quería implicarla en actuaciones que, recalca, no cometió.
“Fue en dicha oportunidad, en que conversé de los movimientos de máquina, cuando le cuento a Ángela que si le iba bien a




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