Durante décadas, la neurociencia y la biología evolutiva consideraron que el cerebro era el centro de control del organismo, el origen de toda coordinación nerviosa y el motor que impulsó el desarrollo del sistema nervioso en los animales. Esa premisa, considerada casi un axioma, está siendo cuestionada por un grupo de investigadores de la Universidad de Flinders , en Australia , que propone una hipótesis de largo alcance: el sistema nervioso podría haber surgido en el intestino , no en el encéfalo, y este último habría evolucionado después para servirle. El trabajo no es un hallazgo experimental sino una reformulación teórica publicada como artículo de opinión en The Journal of Physiology . Firmado por el doctor Tim Hibberd , Hayley Rhodes y el profesor Nick Spencer , repasa evidencia de la fisiología y la biología evolutiva para sostener que la red nerviosa que gobierna el tubo digestivo podría ser el “primer cerebro” del cuerpo. El trabajo pone sobre la mesa una pregunta que la neurociencia había dado por respondida: ¿por qué evolucionó el cerebro? La respuesta tradicional lo coloca como el gran coordinador, el arquitecto que permitió a los organismos responder al entorno. El equipo de Flinders invierte esa lógica: sugiere que el encéfalo apareció después, impulsado por un sistema mucho más antiguo cuya función original era obtener la energía necesaria para sobrevivir. El intestino tiene su propia red nerviosa, y es más antigua de lo que se creía El sistema nervioso entérico es la red de neuronas que recubre el tubo digestivo. Se lo llama así porque “entérico” deriva del griego énteron , que significa intestino. Contiene cientos de millones de neuronas y puede operar sin recibir órdenes del encéfalo. Según señaló Hibberd, investigador del College of Medicine and Public Health de la Universidad de Flinders , en el comunicado de prensa, “puede percibir su entorno, procesar señales y coordinar respuestas complejas” . Por eso se lo conoce popularmente como el “segundo cerebro”, aunque los investigadores plantean que sería más preciso llamarlo el primero. La clave del argumento es evolutiva: para que un organismo primitivo pudiera sobrevivir, su necesidad más urgente era obtener energía del exterior , esto es, alimentarse y procesar lo que ingería. Una red nerviosa localizada en el intestino habría sido la solución más directa a ese problema. El cerebro, con toda su complejidad, vendría después. Una teoría que cuestiona la jerarquía del sistema nervioso La teoría desafía lo que los investigadores denominan la visión tradicional , según la cual el cerebro está en la cima de la cadena de mando del cuerpo. Hibberd explicó que “se propone una forma diferente de mirar el sistema nervioso”, según el comunicado de prensa. Esa perspectiva implica reconocer que el intestino no es un órgano pasivo que espera instrucciones , sino un sistema activo que recopila señales, se comunica con otros órganos y regula funciones vitales. Por su parte, el profesor Spencer, investigador del Flinders Health and Medical Research Institute (FHMRI), amplió esa perspectiva. “El intestino está constantemente recopilando señales y comunicándose con otros órganos. Desempeña un papel fundamental en la regulación de la digestión, el metabolismo y otras funciones esenciales para la supervivencia”, afirmó Spencer, según indicaron los investigadores en el comunicado. El trabajo no afirma que el cerebro sea secundario en términos de importancia funcional, sino que propone revisar el orden en que estas estructuras habrían aparecido a lo largo de la historia evolutiva. Las implicancias para la investigación en salud Aunque los autores aclaran que su teoría no modificará los tratamientos médicos de manera inmediata, señalan que podría orientar futuras líneas de investigación sobre condiciones que involucran tanto al tubo digestivo como al sistema nervioso. Entre ellas mencionan la obesidad , la diabetes , la enfermedad de Parkinson y los trastornos digestivos. La conexión entre el intestino y el cerebro ya es un área activa de estudio en la medicina contemporánea. La hipótesis del equipo de Flinders le suma una dimensión histórica y evolutiva, y con ella una consecuencia para la práctica científica. “ La manera en que pensamos sobre el cuerpo moldea la manera en que investigamos la enfermedad ”, afirmó Hibberd en el comunicado institucional. Si el intestino pasa a considerarse un actor central en la función del sistema nervioso, eso podría orientar investigaciones que hoy transitan por caminos distintos.

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