Pedro Almodóvar está de vuelta. Esta vez, a sus 77 años, el director español publicó su primera novela: El hombre que solo escribía en los aviones . “En la escritura me expongo más. No es que me impida mentir pero me cuesta más. A la hora de escribir, tal vez por el respeto a la literatura, yo estoy dispuesto a sacrificarme y entrar en cosas en las que no me siento del todo cómodo. Me siento más expuesto, de un modo más profundo, cuando escribo”, dijo en entrevista publicada por el suplemento Babelia de El País . El libro llega después de una carrera de más de cuatro décadas en el cine y de una relación sostenida con la escritura desde su infancia. Saldrá el 29 de octubre bajo el sello Reservoir Books (Penguin Random House). El protagonista es Flavio Guijarro , un coach de escritores obsesionado con narrar. Surgió de un impulso atravesado por la ansiedad: “ Ha sido como quitarle un tapón a una tinaja. De pronto, todo el líquido ha salido a borbotones ”. El director de Todo sobre mi madre y Dolor y gloria sostuvo que escribe desde los 11 años y que, durante su adolescencia, imaginaba que su futuro estaría en la literatura. Sin embargo, con el tiempo entendió que poseía mayores herramientas para contar historias con imágenes. “ Mi vocación era ser un gran novelista. Pero según pasaba el tiempo me daba cuenta de que no estaba capacitado ”, confesó. El cine terminó por imponerse cuando, a los 18 años, compró una cámara Súper 8 y comenzó a filmar relatos breves. El director aclaró que nunca abandonó aquella aspiración. “Con el tiempo he estado incluso dispuesto a escribir una que no fuera una gran novela, que era lo que yo quería de adolescente, sino que fuera una novela entretenida, amena y que te sirviera para un viaje de dos horas”, dijo entre risas. Su nuevo libro se suma a El último sueño , el volumen de relatos que publicó en 2023. La novela, según explicó, reúne la libertad narrativa y la presencia de la literatura que atraviesan su filmografía, marcada por personajes que leen, escriben e intercambian libros. La autoficción es un territorio que Almodóvar ha abordado tanto en su cine como en sus textos. El cineasta reconoció que un autor suele apropiarse de experiencias vividas junto a otras personas y que esa decisión puede abrir dilemas con amigos, familiares o parejas. “ El autor se cree dueño de todo lo que ha experimentado en su vida, y ha experimentado muchas cosas que han sido corales. ¿Hasta qué punto tienes derecho a contarlo o a hacerlo tuyo todo? Es un problema moral que yo no sé cómo se resuelve ”. Su criterio, explicó, consiste en intentar que ese uso de materiales personales no perjudique a terceros. Aun así, sostuvo que la pulsión narrativa puede imponerse en el momento de escribir: “ El escritor es egoísta por naturaleza. Piensa en lo que está escribiendo y en ese momento no piensa en su amigo, su pareja o quien sea. El narrador es un ser egoísta ”. Su formación lectora comenzó, según recordó, entre los catálogos de Galerías Preciados que había en su casa y los libros que pedía prestados a sus hermanas. Entre las primeras autoras que leyó mencionó a Françoise Sagan y títulos como Buenos días, tristeza . Después llegaron las novelas de la Colección Reno , donde descubrió a Mika Waltari , Jack London , Jonathan Swift y Hermann Hesse . Antes de eso, un vecino que reunía a los niños del barrio para enseñarles a leer y escribir le permitió acceder a una enciclopedia que leyó completa. Ya instalado en Madrid , empezó a elegir autores a partir de lo que encontraba en los diarios. Se inclinó más por la ficción que por el ensayo. “Creo que debería leer más ensayo”, admitió, aunque asoció su preferencia con el entretenimiento y la facilidad de lectura que encuentra en la novela. Entre los escritores que mencionó figuran Philip Roth , a quien dijo admirar sin interés por conocerlo personalmente, y Mario Vargas Llosa . Sobre el Nobel peruano, contó que dejó de leerlo cuando ingresó en la política, aunque luego reconsideró esa decisión: “Cancelar al autor por algo que no es correcto en su vida me parece excesivo”. A lo largo de su carrera, Almodóvar llevó al cine obras de Ruth Rendell , Thierry Jonquet , Alice Munro , Sigrid Nunez y Jean Cocteau . Consultado por el modo en que transforma esas historias, dejó clara su posición: solo acepta adaptar un texto si puede hacerlo con plena autonomía creativa. “ Es el único modo en que yo puedo acercarme a una obra de otro. Si no es con absoluta libertad, no lo haría ”, sostuvo. El realizador cuestionó la resistencia de algunos escritores ante las transformaciones propias de una adaptación audiovisual y recordó que autorizó montajes teatrales y musicales de su película Mujeres al borde de un ataque de nervios . “Lo primero que le he dicho al autor es que se sienta absolutamente libre”, afirmó. También se refirió a su vínculo con la creación cinematográfica: “No podría vivir si no estoy con algo entre manos. Me quedaría muy triste”. Está con un proyecto “muy, muy avanzado”: será distinto a sus trabajos más recientes, anticipó.
Es un problema moral que yo no sé cómo se resuelve ”. Su criterio, explicó, consiste en intentar que ese uso de material

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