Es muy difícil prever el éxito que tendrá una película cuando todavía se está rodando. Puede ser la producción más desastrosa de la historia, con retrasos extremos y un presupuesto disparado, con accidentes y fallos imprevistos en los elementos esenciales; y, aun así, tratarse de una obra que enamorará al público y pasará a la historia del cine. Así ocurrió, de hecho, con Tiburón , la película que impulsó la carrera de Steven Spielberg y lo convirtió en uno de los grandes directores de la historia de Hollywood. Sin embargo, el éxito de Tiburón también trajo consecuencias negativas, de las que el director de E. T. el extraterrestre e Indiana Jones sigue arrepintiéndose. La historia del gran animal que amenazaba las costas de la ficticia isla de Amity también alimentó una imagen hostil sobre esos animales, consolidando la idea de que son depredadores vengativos, pese a que esa representación no se ajusta a la realidad de la especie. Por si fuera poco, también impulsó la pesca deportiva de tiburones, provocando la disminución de la población mundial de estos en un 71%. En una entrevista concedida a la BBC Radio 4 en 2022, Steven Spielberg expresó su pesar por estas consecuencias: “Todavía lamento la drástica disminución de la población de tiburones causada por el libro (la novela en la que se basa el guion) y la película. Lo siento de verdad”. El realizador explicó que empezó a tenerle miedo a los tiburones. No se trataba del peligro de nadar junto a estos animales, sino “de que me guardaran rencor”. “Los tiburones no atacan a los humanos” Sobre este mismo asunto se ha pronunciado Peter Benchley , autor de la novela en la que se basó Tiburón y que multiplicó sus ventas tras el masivo éxito de la película. Con el tiempo, el autor reconoció que había modificado su mirada sobre los tiburones: “Los tiburones no atacan a los humanos y, desde luego, no son vengativos. En retrospectiva, jamás habría podido escribir este libro hoy en día”. Además, dedicó parte de su vida a defender la protección de los tiburones y a concienciar sobre su función dentro del equilibrio marino, un cambio de postura que coincidió con el arrepentimiento expresado por Spielberg. Paradójicamente, el estreno de Tiburón en 1975 también sentó las bases de la biología moderna de tiburones. Aunque provocó una histeria colectiva inmediata y pesca indiscriminada, también desató una fascinación sin precedentes que transformó por completo el ámbito científico. Y es que una gran parte de los biólogos marinos y conservacionistas más destacados de las últimas cuatro décadas (como Neil Hammerschlag o Greg Skomal) han reconocido públicamente que se dedicaron a esta disciplina tras quedar fascinados por la película en su infancia o juventud. Por otro lado, se crearon laboratorios específicos y aumentó el número de centros de investigación en Florida, California, Sudáfrica y Australia dedicados exclusivamente a la ecología de los depredadores marinos. Desde estos lugares comenzaron los primeros censos sistemáticos que permitieron documentar el alarmante declive demográfico provocado por la pesca deportiva y el finning , una práctica pesquera que consiste en capturar tiburones, cortarles las aletas a bordo y arrojar sus cuerpos al mar.
Es muy difícil prever el éxito que tendrá una película cuando todavía se está rodando. Puede ser la producción más desas






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