“Cuando el instrumento se utiliza de manera predominante para transferir fondos entre cuentas, y no para realizar pagos, la autoridad debiera observar con mayor atención la trazabilidad del origen y destino de los fondos”. Esa es una de las principales conclusiones de la minuta técnica elaborada por Hermann Consultores, titulada Tarjetas de prepago no bancarias en Chile: patrones de uso y consideraciones para la gestión de riesgos . El documento, detalla que, en el segundo trimestre de 2026, en promedio mensual, el prepago alcanzó la suma US$ 5.461 millones en monto de operaciones, equivalente al 60,4% del monto del débito (US$ 9.043 millones), mientras que el número de operaciones corresponde al 18,2% del débito. “El volumen alcanzado por el prepago aconseja considerar, como hipótesis de monitoreo regulatorio, los riesgos asociados a fondos de baja trazabilidad, fragmentación de operaciones y uso intensivo de cargas, transferencias y retiros”, señala el informe. En esa línea, indica que “parece prudente considerar que el prepago necesita contar con estándares de prevención, monitoreo y conocimiento del cliente proporcionales a su relevancia actual, evitando que su tratamiento regulatorio quede rezagado frente a los impactos que puede generar su masificación”. Y es que el uso del prepago muestra un crecimiento explosivo. Así, entre diciembre de 2019 y junio de 2026 las operaciones mensuales pasaron de 346 a 86.977.798, y de $2,6 millones a $5.445.544 millones en monto. Pero el punto respecto del cual Hermann Consultores llama la atención es su uso. “En el prepago predomina el uso como cuenta digital de transferencia de fondos por sobre el uso como medio de pago (hallazgo central) El débito funciona como medio de pago con un 94,9% de sus operaciones y el 80,4% de su monto son compras, y el giro de efectivo retrocedió del 72,9% del monto en 2012 al 19,6% en 2026″, sostiene. En contraste, el 84,3% del monto total de transacciones corresponde de prepago corresponde “a la categoría que la CMF agrupa como giros y retiros. Sin embargo, su desglose revela que la casi totalidad son transferencias electrónicas de fondos (83,7% del monto total del prepago, a mayo de 2026) y solo un 0,5% corresponde a retiro de efectivo propiamente tal”. “Es decir, el prepago no se está utilizando mayoritariamente para extraer efectivo, sino que para transferir fondos de manera electrónica, comportándose crecientemente como una cuenta digital para mover dinero”, argumenta. Por ello, la minuta técnica enfatiza: “un medio de pago está diseñado principalmente para pagar, pero cuando un 83,7% de los montos corresponde a transferencias de fondos y no a compras, el instrumento opera, en los hechos, más como una cuenta digital para mover dinero entre usuarios y cuentas que como un medio de pago en sentido estricto”. Esto, según el documento, justifica “analizar si los mecanismos de trazabilidad y monitoreo resultan adecuados frente a usos no previstos en su diseño. Desde la perspectiva de la gestión de riesgos, esta dinámica tiene implicancias para el diseño de controles”. “El prepago puede operar como una cuenta de tránsito de fondos. Los recursos ingresan al sistema mediante cargas, abonos o transferencias, y luego se movilizan mediante nuevas transferencias hacia otras cuentas, propias o de terceros. A diferencia del retiro de efectivo, la transferencia electrónica deja rastro digital, pero una secuencia extensa de transferencias entre cuentas hace más difícil reconstruir el origen y destino de los fondos si los sistemas de monitoreo no están diseñados para seguir esos encadenamientos”, complementa. Características del prepago Por otra parte, el informe detalla que el ticket promedio global del prepago ($59.093) más que triplica al del débito ($18.205). “El análisis confirma que ese exceso lo generan las transferencias de fondos, cuyo ticket en el segmento de empresas alcanza los $293.673 por operación”, indica. En esa línea, afirma que “la combinación de valor elevado y alta frecuencia de transferencias, en un instrumento que opera crecientemente como cuenta digital, es la dimensión que conviene monitorear”. Por otra parte, apunta que el 30,6% de las tarjetas de prepago vigentes registra operaciones en un mes, frente al 64,5% del débito, es decir cerca de siete de cada diez tarjetas de prepago permanecen inactivas. No obstante, esa tasa de actividad viene en alza sostenida desde 19,0% en diciembre de 2023 a 30,6% en julio de 2026 “Que siete de cada diez tarjetas estén inactivas mientras una minoría concentra las transferencias de mayor monto es, en sí mismo, un patrón que las buenas prácticas de monitoreo aconsejan observar con atención. Una tarjeta que permanece sin movimiento y luego se activa para una operación de alto monto resulta más difícil de identificar dentro de un stock mayoritariamente inactivo. El alza sostenida de las operaciones refuerza la conveniencia de monitoreo periódico en un modelo preventivo”, sostiene Hermann Consultores.

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“Cuando el instrumento se utiliza de manera predominante para transferir fondos entre cuentas, y no para realizar pagos,