Un joven llamado Diego busca la ayuda de un curandero. ¿El problema? Diego es un muerto viviente: falleció en un accidente de auto el día en que cumplía 21 años y fue resucitado por Mictlantecuhtli, el gobernante azteca del inframundo. “El Muerto, el zombi azteca”, una serie de cómics que narra las hazañas de Diego, entrelaza motivos de superhéroes con aspectos de la cultura latina. Es la creación de Javier Hernández , cofundador de la Expo de Cómics Latinos , la primera convención de cómics de Estados Unidos dedicada a artistas latinos, que celebra su 15.º año. “La gente descubre que le encanta ver a un personaje latino retratado de manera positiva, como un héroe”, dijo Hernández en una reciente conversación telefónica. La expo se realizará el 5 y 6 de diciembre en Long Beach, California, en el Museo de Arte Latinoamericano , el único museo de Estados Unidos dedicado exclusivamente al arte latino moderno y contemporáneo. El MOLAA conmemora su 30.º aniversario con actividades como la expo de cómics, que contará con decenas de ilustradores, talleres de guion gráfico con Sebastián Durán , quien trabajó en la serie de Netflix Big Mouth , y paneles como “Poder latino”, liderado por creadoras. Los asistentes a la expo podrán recorrer las cuatro galerías del museo, donde se exhibe arte geométrico latinoamericano de las décadas de 1940 y 1950 realizado por la artista cubana Loló Soldevilla y otros autores. Una exposición adyacente recurre a la colección del MOLAA para examinar la espiritualidad mediante obras como litografías del artista cubano Wifredo Lam y del mexicano David Alfaro Siqueiros . Las exposiciones recientes del MOLAA han formado parte del ascenso del arte latinoamericano en el plano local e internacional, incluida una muestra sobre migración de la artista mexicana de técnicas mixtas Betsabeé Romero , presentada en la Bienal de Venecia de 2024 y luego llevada a Long Beach. “Sabemos cuán difícil es para los artistas y académicos latinoamericanos presentar su trabajo en las instituciones”, afirmó por teléfono Gabriela Urtiaga , curadora principal del museo. “Ese es nuestro compromiso”. Con un presupuesto anual modesto, aunque en crecimiento, de USD 6,2 millones, el museo atrae a unas 75.000 personas al año. Se concentra en eventos anuales que convocan hasta a 6.000 asistentes cada uno, como la expo y las celebraciones del Orgullo, de los afrolatinos y del Día de Muertos, además de exposiciones ambiciosas y programas educativos, mientras el gobierno de Trump continúa endureciendo las fronteras del país, con efectos sobre las comunidades latinas. La historia del MOLAA comienza con el doctor Robert Gumbiner , fundador de una de las primeras organizaciones de gestión sanitaria. Coleccionó arte en toda América Latina y lo exhibió en su clínica médica de Long Beach, que transformó en un pequeño museo en 1996. El espacio duplicó su tamaño en 2007, pero, tras la muerte del doctor Gumbiner en 2009, atravesó varios años de recortes presupuestarios y cambios de dirección antes de estabilizarse. Bridget R. Cooks , profesora de Estudios Afroamericanos e Historia del Arte en la Universidad de California en Irvine, señaló que para museos como el MOLAA puede resultar difícil pasar de las preferencias de un solo coleccionista a instituciones representativas y autosuficientes. “Cuando hay museos centrados en una cultura particular, existe mucha presión para satisfacer las expectativas de todos, y es imposible”, dijo la doctora Cooks en una entrevista telefónica. “¿Empezamos por los mayores? ¿Podemos mostrar lo nuevo? ¿Cómo involucramos a los jóvenes? Lleva tiempo definir su identidad y su público”. El mayor cambio del museo llegó en 2014, cuando destacados coleccionistas de arte chicano, entre ellos Armando Durón y el comediante Cheech Marin , impulsaron a la junta directiva a revocar una política establecida por el doctor Gumbiner que permitía exhibir únicamente a artistas de países latinoamericanos. Durón y Marin buscaban en particular destacar el arte chicano, porque el sur de California fue un centro del movimiento chicano en la década de 1960, que reivindicó los derechos y la visibilidad de los mexicano-estadounidenses. “Cuando un museo dice que un artista merece estar en sus galerías, eso afecta a las personas que se ven reflejadas allí”, escribió Marin en un correo electrónico enviado a través de su representante. En la última década, el MOLAA ha organizado exposiciones reconocidas de figuras chicanas como Frank Romero , Judithe Hernández y Judy Baca . Urtiaga concibe el museo como otro espacio para destacar la amplia diáspora latinoamericana. “América Latina nunca ha sido una realidad homogénea”, afirmó Urtiaga, al señalar que el término reúne las culturas de 33 países y territorios. A fines de 2020, el museo tomó la controvertida decisión de vender obras de su colección, una práctica conocida como desafectación. Cuarenta y cuatro obras de arte, junto con piezas donadas, generaron unos USD 200.000. La desafectación se considera un “último recurso”, explicó la doctora Cooks, quien ha asesorado a museos sobre cómo hacer sus exposiciones más inclusivas. Otras instituciones, entre ellas el Museo de Arte de Palm Springs , el Museo de Brooklyn y el Museo Metropolitano de Arte , hicieron lo mismo. “Usamos cada centavo de esa venta para comprar obras que cubrieran las carencias de la colección”, declaró Lourdes I. Ramos-Rivas , presidenta del MOLAA, en una entrevista telefónica. En 2019, el 80 % de las obras de la colección del museo correspondía a hombres. Desde la venta, adquirió piezas de Baca, Ana Mendieta , Beatriz González , Laura Aguilar y otras destacadas artistas mujeres y chicanas. Es un momento complejo en Estados Unidos para las personas de color y para los artistas e instituciones culturales vinculados a ellas. Los arrestos realizados por el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas alcanzaron cifras récord este verano, y organismos como el Smithsonian, del que el MOLAA es afiliado, se exponen a recortes de financiación debido a su programación. La doctora Ramos-Rivas sostuvo que el MOLAA no se apartará de su misión. “Somos un museo latino y latinoamericano. No estamos provocando: somos quienes representamos a nuestra comunidad”, dijo. Según la Oficina del Censo de Estados Unidos, el 44 % de los 450.000 habitantes de Long Beach se identifica como hispano o latino. Con ese espíritu, el museo no cobra entrada los domingos , elabora todos sus materiales escritos en dos idiomas, ofrece espacio para campañas de donación de sangre y alimentos, y colabora con escuelas primarias y secundarias en sus planes de estudio de arte para crear comunidad. También ha exhibido arte de menores no acompañados detenidos en Long Beach tras cruzar la frontera entre Estados Unidos y México. “Mostrar a los niños no morenos que los niños morenos son como ellos —también tenemos familias, también tenemos problemas— ayuda mucho a unirnos”, afirmó Lalo Alcaraz , dibujante político galardonado y figura habitual de la Expo de Cómics Latinos. Alcaraz presentará un nuevo cómic en la expo de este año: una reinterpretación de ciencia ficción de los disturbios del Zoot Suit, cuando miembros del ejército estadounidense atacaron a jóvenes latinos y negros en Los Ángeles durante la Segunda Guerra Mundial. Los directivos del museo aspiran a recaudar USD 125 millones para una gran ampliación que incluirá la creación de un depósito de la colección abierto al público, la expansión de la investigación con becarios de posgrado y la triplicación del espacio de aulas para talleres estudiantiles. La Expo de Cómics Latinos crece en paralelo: pasó de una docena de artistas hace 15 años a más de 50 en la actualidad. “El arte ofrece a las personas una forma de comprender experiencias que, de otro modo, quizá no conocerían”, escribió Marin. “Es más importante que nunca que los artistas latinos y chicanos tengan la oportunidad de contar sus historias y que los museos les hagan lugar”. Fuente: The New York Times

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Lleva tiempo definir su identidad y su público”. El mayor cambio del museo llegó en 2014, cuando destacados coleccionist