Chile es un país de emprendedores, con un enorme potencial para escalar sus negocios y generar desarrollo, pero hemos desaprovechado ese enorme capital. Según la Corporación Grandepyme, tenemos más de 720.000 micro, pequeñas y medianas empresas, las que representan el 98,3% del total de empresas con ventas en nuestro país. La aspiración que debería motivarnos es transformar esa fuerza en empresas que crezcan, generen más empleos y se consoliden como motores del desarrollo en todas las regiones. Considerando la forma geográfica de Chile, solo el crecimiento de empresas pequeñas y medianas nos permitirá crear empleos de manera descentralizada, aprovechando oportunidades en todo el país. Las cifras nos muestran el desafío. Las micro, pequeñas y medianas empresas explican el 64% del empleo, pero su participación en la economía no supera el 12,5%. Hace treinta años, la proporción de empleo generada por la mipymes era similar, pero su participación en la economía alcanzaba el 25,2%. ¿Qué nos pasó? Chile ha demostrado que sabe crear empresas, pero necesitamos dar un paso hacia adelante para que se consoliden, crezcan y desplieguen todo su potencial. Las exigencias formales han encarecido la sostenibilidad y crecimiento de las empresas en general, pero han afectado en mayor medida a las empresas más pequeñas y medianas, dado el mayor peso relativo que dichas exigencias tienen en su estructura de costos. Sin embargo, hay algunos conceptos y cifras nos pueden dar luces acerca de qué elementos considerar para que un emprendimiento formal tenga más posibilidades de transformarse en una empresa exitosa. En primer lugar, más importante que tener una buena idea, es fundamental la capacidad para identificar problemas u oportunidades de eficiencia concretas y presentes en las diversas industrias. Esto implica invertir tiempo en el análisis de datos, conocer el mercado, a los clientes, además de gestionar recursos y tomar decisiones en distintos escenarios simulados. El porcentaje de mypymes que es proveedora de otras empresas alcanza el 56,3%, mientras que un 83% de las empresas grandes le venden sus productos y servicios a otras empresas. Un segundo factor relevante es la capacidad de proyectar el crecimiento y sumar nuevos trabajadores en cada etapa, lo que surge de un plan de desarrollo estratégico. En Chile se crean aproximadamente 220.000 empresas al año. De estas nuevas empresas, aquellas que no contratan a ningún trabajador, al cabo de tres años solo el 50% sigue activa, cifra que disminuye al 35% a los cinco año de haberse creado. En contraste, de aquellas empresas nuevas con más de cinco trabajadores, casi 80% siguen activas después de los cinco años. Un tercer factor significativo es la adopción de nuevas tecnologías. En Chile, el 10,3% de las empresas pequeñas utilizan IA en algún proceso, cifra que aumenta a 19,5% para empresas medianas y a 42,1% en empresas grandes. El uso de la tecnología puede servir para mejorar en eficiencia y productividad, pero también para automatizar actividades rutinarias, lo cual permite reorientar el tiempo disponible de los trabajadores para actividades más estratégicas. Lo mencionado en los párrafos precedentes no es generalizable: a muchos emprendimientos les va muy bien y crecen. Sin embargo, según los datos agregados, aquellas empresas que surgen para resolver una necesidad concreta y forman parte de una cadena de valor presente en el mercado, que son capaces de proyectar su crecimiento por etapas sumando a nuevos trabajadores, y que hacen uso de las nuevas tecnologías, tienen más posibilidades de éxito y mantención en el tiempo. Por Lucas Palacios Covarrubias , rector de Inacap
Chile ha demostrado que sabe crear empresas, pero necesitamos dar un paso hacia adelante para que se consoliden, crezcan




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