“Es un lunes negro” , resume un operador bursátil que confiesa que no puede dejar de mirar la pantalla con los gráficos en rojo. Como él, muchos habían apostado a una victoria de Flavio Bolsonaro en las elecciones presidenciales de Brasil. Fue un mes de extrema volatilidad, que comenzó con la sorpresa del candidato del Partido Liberal en la primera vuelta y terminó con otro resultado que también tomó desprevenidos a los inversores: pocos esperaban que Lula pudiera revertir la elección. El Ibovespa comenzó la jornada con una caída del 10%, que obligó a suspender las operaciones durante media hora , algo que no ocurría desde marzo de 2020, cuando estalló la pandemia. La interrupción no consigue detener las ventas. Al reanudarse las negociaciones, el principal índice bursátil brasileño profundiza el derrumbe y pierde más del 17% , hasta tocar los 169.516 puntos. En Brasil, las urnas dieron dos sorpresas en menos de un mes. Los mercados festejaron la primera y castigaron la segunda. La deuda pública, mientras tanto, no se movió de lugar. Para encontrar un derrumbe de semejante magnitud hay que remontarse a 1992, cuando Brasil atravesaba una profunda crisis política y económica, con una inflación superior al 20% mensual y recesión que terminaría con la destitución del presidente Fernando Collor de Mello. La reacción también es contundente en el mercado cambiario. El real se deprecia más de un 10% frente al dólar, que llegó a superar los 5,60 reales. Se trata de un brusco cambio de tendencia respecto de lo ocurrido tres semanas atrás, cuando la victoria de Flavio Bolsonaro en la primera vuelta había impulsado a la moneda brasileña y provocado una caída del dólar del 4,11%, hasta los 5,001 reales. El antecedente más cercano de una devaluación diaria semejante fue en 1999, durante la crisis cambiaria que obligó al gobierno de Fernando Henrique Cardoso a abandonar el régimen de tipo de cambio fijo . Brasil dejó entonces flotar su moneda, en medio de una salida de capitales y fuertes presiones sobre las reservas internacionales. El impacto va más allá de los mercados financieros. Un dólar más caro encarece las importaciones y puede trasladarse a la inflación, lo que complicaría una eventual reducción de las tasas de interés. Como contrapartida, mejora la competitividad de las exportaciones y abarata los viajes a Brasil para los turistas extranjeros, entre ellos los argentinos. Wall Street El desplome se extiende a Wall Street, donde las principales compañías brasileñas también cotizan mediante certificados conocidos como ADR. A las 12.06 hora argentina Itaú se hunde 22,63%, Petrobras un 17,16%; Nubank un 19,49%, y Santander Brasil un 12,16%. La presión alcanza con mayor fuerza a Bradesco que se desploma un 31,57% que es una de las entidades financieras más expuestas a las expectativas sobre la economía brasileña; la otra es XP, que pierde la mitad de su valor y se pacta 50,43% abajo del cierre previo. Las compañías exportadoras muestran una mayor resistencia frente al derrumbe generalizado del mercado, favorecidas por su menor dependencia de la economía brasileña y sus ingresos en dólares, Mercado Libre tiene en Brasil su principal mercado y por eso sus acciones caen 10,09%. Durante 2025, el país generó US$15.201 millones en ingresos netos e ingresos financieros para la compañía, equivalentes al 52,6% de su facturación total de US$28.893 millones. México representó el 22,4% y la Argentina, el 20,6%. Es decir, más de la mitad de los ingresos del grupo dependen de la evolución de la economía brasileña. Las compañías exportadoras muestran una mayor resistencia frente al derrumbe generalizado del mercado , favorecidas por su menor dependencia de la economía brasileña y sus ingresos en dólares, que les permiten amortiguar el impacto de la depreciación del real. Vale y Embraer retroceden un 2,76% y un 0,85%, respectivamente, mientras que Suzano cae un 1,4% y Gerdau, un 7%. Aunque todas operan en terreno negativo, sus pérdidas son considerablemente menores que las de las empresas vinculadas al consumo interno y al sector financiero. La situación fiscal constituye una de las principales preocupaciones de los inversores. La deuda bruta brasileña equivale aproximadamente al 82,9% del producto bruto interno La magnitud de la caída obligó a la B3, la empresa que administra la Bolsa de San Pablo, a activar el mecanismo conocido como circuit breaker , que interrumpe temporalmente las operaciones ante movimientos bruscos del mercado. La primera suspensión se produce cuando el Ibovespa retrocede un 10% y se extiende durante media hora. Si la caída alcanza el 15%, está prevista una segunda interrupción de una hora. Sin embargo, el índice llegó a desplomarse más del 17% y la Bolsa continuó operando . La explicación está en una disposición especial anunciada esta mañana por la B3 y difundida por la plataforma financiera TradeMap, según la cual, s i el Ibovespa reanudaba las operaciones con pérdidas de entre el 15% y el 20%, el siguiente umbral de suspensión se trasladaba directamente al 20%. Antes de la apertura, JP Morgan advirtió que la victoria de Lula podía provocar una caída de hasta el 20% del Ibovespa y llevar el dólar a los 5,50 reales , una cotización que terminó siendo superada durante las primeras horas de negociación. En un informe firmado por Vinicius Moreira y su equipo, el banco señaló que los inversores habían apostado por un resultado electoral diferente y que ahora deberían revisar sus posiciones. La entidad también redujo sus recomendaciones sobre el real y los títulos públicos locales, desde una posición favorable hasta una neutral. El banco explicó que las acciones brasileñas habían alcanzado precios elevados durante las últimas semanas, impulsadas por las expectativas de una victoria de Flavio Bolsonaro. Según sus cálculos, los inversores pagaban, en promedio, 9,7 veces las ganancias anuales esperadas de las empresas, una relación que podría caer inicialmente a 8,3 veces y luego hasta siete. Esto implicaría que, aun sin cambios en las ganancias de las compañías, sus acciones podrían perder cerca del 28% de su valor respecto de las cotizaciones del viernes. JP Morgan advirtió que las acciones brasileñas habían alcanzado precios elevados durante las últimas semanas, impulsadas por las expectativas de una victoria de Flavio Bolsonaro. Según sus cálculos, los inversores estaban pagando, en promedio, 9,7 veces las ganancias anuales esperadas de las empresas. Con el triunfo de Lula, el banco estimó que esa relación podría caer primero a 8,3 veces y luego hasta siete, lo que implicaría una fuerte baja en el valor de las acciones. Chris Turner, estratega de ING, identificó las cuentas públicas como el “talón de Aquiles” de Brasil, por el elevado déficit fiscal y el creciente endeudamiento. El especialista advirtió, además, que una suba de las tasas de interés de los bonos estadounidenses podría agravar la situación, al encarecer el financiamiento y restar atractivo a los activos brasileños. La situación fiscal constituye una de las principales preocupaciones de los inversores. La deuda bruta brasileña equivale aproximadamente al 82,9% del producto bruto interno y los intereses nominales acumulan cerca de 1,18 billones de reales en doce meses. La continuidad de Lula genera dudas sobre la posibilidad de avanzar en un programa de consolidación fiscal que permita estabilizar esas cifras. En Brasil, las urnas dieron dos sorpresas en menos de un mes. Los mercados festejaron la primera y castigaron la segunda. La deuda pública, mientras tanto, no se movió de lugar. Tasas de interés La incertidumbre se trasladó al mercado de deuda. Los contratos futuros de tasas de interés registraron fuertes subas: los correspondientes a enero de 2027 llegaron al 14%, mientras que los de enero de 2031 alcanzaron el 14,5%. El movimiento refleja que los inversores exigen mayores rendimientos para financiar al país, lo que podría encarecer el crédito y afectar la actividad económica. Los bonos soberanos brasileños emitidos en moneda extranjera registraron pérdidas. En la Bolsa de San Pablo, las compañías vinculadas al consumo y al crédito estuvieron entre las más castigadas. Las acciones de C&A llegaron a desplomarse un 50%, mientras que los bancos y las empresas inmobiliarias sufrieron fuertes retrocesos, ante el temor de que las tasas de interés permanezcan elevadas durante más tiempo. El contraste con lo ocurrido después de la primera vuelta fue marcado. El 5 de octubre, cuando Flavio Bolsonaro terminó por delante de Lula, el Ibovespa había subido un 7,7% en una sola jornada , hasta alcanzar los 206.911 puntos. Los bancos encabezaron entonces las ganancias y el real se fortaleció frente al dólar. Durante las semanas siguientes, las expectativas de un cambio de gobierno sostuvieron las cotizaciones por encima de los 200.000 puntos. La segunda vuelta terminó con un resultado diferente al que predominaba entre los inversores. Lula obtuvo el 51,79% de los votos válidos frente al 48,21% de Flavio Bolsonaro y consiguió un cuarto mandato presidencial. Bolsonaro no reconoció inmediatamente la derrota y anunció que buscaría impugnar el resultado, lo que añadió incertidumbre al escenario político. Ahora, la atención de los mercados se concentra en la conformación del equipo económico, especialmente en la designación del ministro de Hacienda. Los inversores esperan señales sobre la política fiscal, el financiamiento de las promesas electorales y las medidas que podría adoptar Lula para estabilizar la deuda pública.

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“Es un lunes negro” , resume un operador bursátil que confiesa que no puede dejar de mirar la pantalla con los gráficos