Tener estudios superiores ya no garantiza acceder a un empleo acorde con la formación, y conseguir un trabajo tampoco asegura poder abandonar la casa familiar. Los jóvenes españoles se enfrentan a una combinación de obstáculos laborales, educativos y residenciales que se refuerzan entre sí y dificultan la construcción de un proyecto de vida independiente. Así lo refleja un informe que analiza su situación y concluye que el acceso a la vivienda constituye uno de los principales frenos para esta generación. Estas son las conclusiones del estudio La situación actual de los jóvenes en España: integración laboral, educación, vivienda y emigración, elaborado por Funcas La magnitud del problema queda patente en los datos sobre alquiler. En 2024, una persona joven asalariada debía destinar el 92,3% de su sueldo a arrendar una vivienda en solitario a precio de mercado. Incluso compartiendo piso, el esfuerzo alcanzaba el 32,5% de sus ingresos, por encima del 30% que suele considerarse un umbral sostenible. La emancipación se convierte así en una decisión difícil de asumir económicamente, incluso para quienes ya tienen empleo. La evolución de los precios ayuda a explicar esta presión. Entre 2014 y 2024 , el alquiler se encareció un 82% y la compraventa, un 65%, mientras los salarios medios crecieron un 30% y la inflación acumulada fue del 23%. La distancia entre el coste de la vivienda y la evolución de los ingresos ha reducido la capacidad de ahorro de los jóvenes y ha complicado tanto el alquiler como la compra. Una generación cada vez más lejos de la vivienda Las dificultades no se limitan a pagar una mensualidad. Quienes quieren comprar se encuentran con una barrera inicial de ahorro que resulta especialmente difícil de superar. En Madrid , la entrada mínima para adquirir una vivienda de tamaño medio ronda los 110.000 euros , una cantidad equivalente a unos seis años de salario medio neto. La propiedad queda así fuera del alcance de muchos jóvenes , incluso antes de afrontar la hipoteca. La brecha entre generaciones también se ha ampliado. En 2024, solo el 36,7% de los hogares encabezados por menores de 35 años era propietario de su vivienda habitual, frente a aproximadamente el 66% en 2002. Entre los hogares encabezados por personas de 65 a 74 años, la proporción de propietarios alcanzaba el 82,8%. La diferencia refleja dos realidades residenciales cada vez más alejadas. El resultado es un retraso en la emancipación . La proporción de jóvenes de entre 25 y 29 años que vivía fuera del hogar familiar pasó del 47% en 2014 al 36% en 2024 . Este retroceso se produjo pese a que el desempleo juvenil marcaba mínimos desde 2007 y los salarios de los jóvenes habían aumentado alrededor de un 11% en términos nominales. A juicio de los autores del informe, el problema ya no puede explicarse únicamente por la falta de empleo: la vivienda se ha convertido en un obstáculo decisivo. Tener un título no garantiza un trabajo cualificado La situación laboral presenta otra contradicción. España cuenta con una proporción de adultos con educación superior del 39,4% , por encima del 34,3% de la media europea. Sin embargo, más de un 37% de los jóvenes de entre 25 y 34 años con estudios superiores ocupa puestos por debajo de su nivel educativo. El país forma titulados, pero una parte importante no encuentra empleos que aprovechen sus conocimientos. El desajuste empieza pronto. Aproximadamente un tercio de quienes acceden por primera vez al mercado laboral lo hace en puestos para los que está sobrecualificado , y dos de cada tres de estos jóvenes cuentan con un título universitario. Las diferencias también dependen de la especialidad: la sobreeducación es menos frecuente entre los titulados en Ciencias de la Salud y más habitual entre quienes estudiaron Artes y Humanidades. Lo más preocupante es que esta situación tiende a prolongarse. Algo más de la mitad de quienes comienzan su carrera profesional en un puesto por debajo de su nivel educativo continúa en esa situación cinco años después . Entre quienes se incorporaron al mercado laboral entre 2009 y 2014, durante la ‘gran recesión’, la proporción ascendía al 66%. Empezar con un empleo inadecuado puede condicionar, por tanto, las oportunidades posteriores y convertir un desajuste inicial en una desventaja duradera. Precariedad y falta de perfiles técnicos La sobrecualificación convive con dificultades para cubrir determinadas necesidades empresariales. El informe de Funcas estima que España necesitaría 1,39 millones de especialistas adicionales en tecnologías de la información y la comunicación para alcanzar los objetivos europeos de la Década Digital. El problema no sería tanto la falta general de titulados como la composición de la formación y su correspondencia con la demanda productiva. En el mercado laboral, además, persiste la precariedad . Entre 2009 y 2021, casi la mitad de los jóvenes asalariados experimentó en algún momento problemas relacionados con ingresos insuficientes, inseguridad laboral o falta de protección social. La ocupación juvenil apenas superó el 40% en 2025, frente al 80% de Países Bajos. Aunque el desempleo juvenil ha descendido desde el máximo del 42,4% registrado en 2013, España continúa entre los países de la Unión Europea con mayores tasas. La formación profesional dual aparece como una de las vías para reducir el desajuste entre estudios y empleo. Alemania y Países Bajos, países con menores niveles de sobrecualificación, cuentan con sistemas más extendidos que el español. El informe también destaca los efectos positivos observados en las experiencias de FP dual implantadas en Madrid y Cataluña, y plantea reforzar la formación en las empresas y mejorar la información sobre las salidas laborales de cada titulación. ¿Fuga de cerebros o circulación del talento? La salida al extranjero de jóvenes cualificados añade otra dimensión al problema. En 2024 emigraron 14.214 jóvenes nacidos en España de entre 16 y 24 años y otros 18.434 de entre 25 y 34. En este último grupo, casi un tercio tenía estudios universitarios y cerca de una quinta parte contaba con un máster o doctorado. Sin embargo, también hay un flujo de regreso . Ese mismo año volvieron a España 144.335 personas de nacionalidad española, frente a las 137.719 que emigraron. Entre los nacidos en España de 25 a 34 años que llegaron al país, el 29,5% tenía un grado universitario y el 18,4%, un máster o doctorado. Las cifras no permiten saber si quienes regresan son las mismas personas que se marcharon ni cuánto tiempo permanecieron fuera, pero sí invitan a matizar la idea de un éxodo exclusivamente de salida. El informe plantea interpretar parte de esta movilidad como una circulación del talento : trabajar en otros países puede permitir a los jóvenes adquirir experiencia, competencias y contactos que después reviertan en su trayectoria y en la economía española. No desaparecen, sin embargo, los riesgos de pérdida de capital humano , especialmente en colectivos como el científico. Además, el desplazamiento de jóvenes cualificados dentro de España hacia grandes ciudades como Madrid tiene un peso mucho mayor que la emigración exterior. El informe concluye que existe un problema estructural que exige respuestas coordinadas. Sus autores proponen ampliar el parque público de alquiler asequible , reforzar la FP dual , mejorar las políticas de orientación e inserción laboral y favorecer que el empleo cualificado no se concentre únicamente en las grandes áreas metropolitanas. Inciden en que sin avances simultáneos en vivienda, educación y mercado laboral, la precariedad seguirá dificultando que los jóvenes conviertan sus estudios y su trabajo en una vida independiente.
Tener estudios superiores ya no garantiza acceder a un empleo acorde con la formación, y conseguir un trabajo tampoco as



Commentaires