En la temporada 2025-2026, los glaciares de los Pirineos han vuelto a registrar descensos significativos, continuando una tendencia a la baja que lleva predominando desde hace décadas. Así lo refleja la campaña anual de monitorización realizada por los investigadores del Grupo de Investigación CryoPyr del Instituto Pirenaico de Ecología (IPE-CSIC), que ha señalado que este ha sido “un año de pérdidas extremas ”, incluso pese a una primavera con nieve récord. De hecho, el año 2025-2026 se ha situado en promedio como el tercer año con mayores pérdidas desde que se dispone de datos anuales, es decir, desde 2012. Por tanto, se ubica solamente detrás de los años extremos de 2021-2022 y 2022-2023. Los tres glaciares principales monitorizados han superados los dos metros de pérdida media de espesor: en el Aneto ha sido de -2,4 metros, con un máximo de -4,8; en Monte perdido, de -2,3 metros, con un máximo de -6,0, y en el glaciar de Ossoue (en el macizo de Vignemale), se han vuelto a registrar los peores datos, con una media de -3,1 metros y un máximo de -4,9 metros. Además, el glaciar de Maladeta, monitorizado por la Confederación Hidrográfica del Ebro, ha mostrado una pérdida promedio de -2,3 metros. Con respecto al pequeño glaciar de Llardana, en el macizo de Posets, pese a su posición favorecida para la acumulación de nieve , ha mostrado un descenso medio de -1,5 metros de espesor y máximos de -3,4. Nueva fragmentación en el Aneto Además de las elevadas tasas de fusión que los expertos del IPE-CSIC han observado en la superficie de los glaciares, se han confirmado cambios importantes en su estructura. En el Aneto se ha producido una nueva fragmentación , bajo el Pico del Medio, que se suma a la división ya registrada en 2025 bajo el Pico de Coronas. “El glaciar continúa así su proceso de desmembramiento en cuerpos de hielo cada vez más pequeños y aislados”. En Monte Perdido han aparecido nuevos afloramientos rocosos en distintas zonas, además de que el cuerpo inferior occidental muestra claros signos de degradación hacia un helero residual, que es la última fase de degradación de una masa de hielo de origen glaciar antes de su desaparición definitiva. Con respecto al glaciar de Ossoue , los investigadores señalan que lleva varias temporadas sin mostrar signos de movimiento aparente, mientras que normalmente los glaciares fluyen lentamente pendiente abajo por su propio peso. Sin embargo, “todavía se mantiene como glaciar debido a su considerable extensión, pero sus elevadas tasas de fusión son un indicio de su escasa dinámica”. En el caso del glaciar de Llardana , la degradación “es muy marcada”, pues su superficie está prácticamente cubierta de derrubios —fragmentos de roca, piedras y sedimentos procedentes de las montañas que se acumulan sobre el hielo, lo que indica que el glaciar está quedando cubierto por materiales rocosos— y apenas tiene una zona de acumulación en la que la nieve se pueda transformar en hielo. Debido a su escasa dinámica, la acumulación de derrubios y afloramientos rocosos ya no pueden ser expulsados, por lo que, al final del verano, los glaciares presentan un oscurecimiento generalizado de su superficie. Todo esto, sumado al hecho de que las acumulaciones de nieve récord de la primavera no han sido suficientes para frenar las pérdidas, “pone de manifiesto la extrema sensibilidad de los glaciares pirenaicos, los más meridionales de Europa, ante veranos cada vez más cálidos y prolongados”. ¿Qué supondría la pérdida de los glaciares de los Pirineos? La pérdida de los glaciares de los Pirineos no solo supondría la transformación irreversible de un paisaje emblemático, sino que también alteraría profundamente los ecosistemas de alta montaña , el funcionamiento de los ríos y parte de nuestro patrimonio natural y cultural. Con su pérdida , desaparecerían hábitats asociados a ambientes permanentemente helados, habría un menor aporte de agua en verano —cambiando el caudal de los ríos y aumentando la vulnerabilidad frente a las sequías— y se podrían desplazar o extinguir algunas especies.

QUOTE · 引述
En la temporada 2025-2026, los glaciares de los Pirineos han vuelto a registrar descensos significativos, continuando un